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Febrerillo el loco

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15.02.2026

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Así se solía describir el comportamiento atmosférico de un mes tradicionalmente inestable desde el punto de vista de la climatología. Está, en efecto, a caballo ... entre lo más crudo del invierno y los atisbos aún lejanos de la prometida primavera. Se nota que los días ya van siendo más largos, y cuando el sol alumbra flota en el ambiente la tibieza de sus rayos. Las Candelas, san Blas y las Águedas marcan los inicios de este mes purificador por excelencia, último en el antiguo calendario romano, cuyo epicentro señalaba la celebración de las Lupercales. Estos desinhibidos ritos de la fertilidad que tenían lugar alrededor del 15 han derivado en nuestra cultura en el san Valentín del 14 y en los populares Carnavales. San Valentín no se nos despista, gracias a la invasión publicitaria que incita al intercambio de regalos entre los enamorados. Por su parte, los Carnavales no se desprendieron de su componente directamente dionisíaco e indirectamente sexual, por más que en el orbe católico los celosos guardianes de la abstinencia trataran de refrenar la llamada de la carne pecadora. A la postre, a pesar de las tronantes admoniciones cuaresmales predicadas desde los púlpitos, las gentes solían dar preferencia a las alegrías concupiscentes carnavaleras en vez de rendirle cristianas devociones al pobre san Valentín, el cual, trizado este año en el pleno gozo del sábado de carnaval, retornará al culto en su hornacina de santo de segunda fila entre tantas vírgenes y mártires que gozan de veneración en las abundosas milicias cristianas. La Cuaresma pone fin a la carnavalada y es también fruto espiritual de febrero, mes pródigo en señalamientos tanto religiosos como profanos.

Según las previsiones –no sé si las de la Aemet, de las Cabañuelas o del fraile acartonado con la cogulla pronosticadora— febrero iba a ser cálido y seco al igual que el resto del invierno; en cambio, nos deja empapados, chorreando agua y con una ligera capa de verdín en las hombreras. Finaliza el mes honrando a san Hilario, que fue Papa del siglo V, y a san Román, abad. La mención al primero me trae recuerdos de una canción de Nino Sánchez, allá por los años setenta, alusiva al secular abandono de estas tierras y a la resignada indolencia de sus gentes: «Cuando falta el pan diario, se le pide a san Hilario que dormita en los altares…» Ahora, agricultores, apicultores y ganaderos temen el incierto futuro que les aguarda si la política agroalimentaria europea sigue dándoles la espalda (o por donde ésta pierde su honroso nombre) en un mes eminentemente reivindicativo por lo del Mercosur. Este año, desde luego, no van a necesitar rogativas por la falta de agua, con medio país flotando en pleno diluvio universal. Para lo corto que es, hay que ver lo que da de sí el dichoso y locuelo mesecito.

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