Sillones
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CompartirAndo de reforma en casa. Sí, hace unos meses, me lié la manta a la cabeza y me adentré en el proceloso mundo de los ... suelos cerámicos, las cocinas abiertas o la iluminación indirecta. Toca también cambiar de muebles. Y les juro que la cabeza está a punto de estallarme después de haber visto decenas de páginas web con atractivos diseños, variedad de calidades y ofertas increíbles. Mi conocimiento del tema ha llegado a tal extremo que puedo recitarles de memoria los nombres de los sillones de Ikea: Dyvlinge, Poäng, Ekenäset, Arsunda, Tullsta, Ektorp, Skalboda, Lillesäter, Vimle, Agen... No sigo por no aburrirles pero, como ven, tengo vastos conocimientos sobre el asunto.
Otros, los de Vox, decían hace unos días que no querían ni oír hablar de sillones. Quizás se referían a que les resultaba muy aburrido escuchar el listado de nombres tan originales con los que han bautizado a estos muebles en la famosa cadena sueca. De lo contrario, no se entiende la rapidez con la que se han encaramado a unas cuantas consejerías tanto en Extremadura como en Aragón. Y de postre se han llevado un senador autonómico en ambas regiones, aunque el Senado tenga la consideración de ser la cámara de representación territorial y a ellos eso de las autonomías, como que no.
Entre la amplia variedad de departamentos en los que meter la cabeza, ya han elegido sus favoritos. El de Ganadería y Agricultura y, sobre todo, el de Familia y Bienestar Social. En el gobierno de Jorge Azcón también se han hecho con Medio Ambiente y Turismo para ver si pueden acabar con lo que denominan como «fanatismo climático».
Aquí, en Castilla y León, quien fuera presidente de las Cortes y candidato a la presidencia de la comunidad hace unas semanas, Carlos Pollán, enarboló, como no podía ser de otra manera en este monolítico partido, el mismo discurso. Nada de sillones, principios. Como el de «prioridad nacional» que tanto incomoda -con razón- a muchos líderes del Partido Popular.
Dicen los que están más cerca de los entresijos del poder que Alfonso Fernández Mañueco va a dejar pasar las elecciones andaluzas del 16 de mayo para presentar el acuerdo al que llegará con Vox para volver a gobernar la comunidad. Que ninguno de los dos partidos tiene prisa alguna. Que quieren ver hasta dónde es capaz de llegar Juanma Moreno con su discurso más centrado.
De momento, señalan que han intercambiado borradores. No de diseño de sillones, sino de principios, de programas. De qué iba a ser si no. Sin embargo, más allá de la estrategia marcada por los tiempos electorales, el que manda en Vox, es decir Abascal, ya ha advertido que quiere extender esa «prioridad nacional» a toda España. Así que si ya ha exigido que se ponga en práctica en Extremadura y en Aragón, mucho me temo que en un futuro no muy lejano le toque también a Castilla y León si el PP quiere formar gobierno. Mañueco se ha puesto de perfil cada vez que le han preguntado por el asunto. Tiene una acreditada experiencia en tragar sapos, como le ocurrió durante la primera mitad de la pasada legislatura cada vez que su vicepresidente, Juan García Gallardo, abría la boca para lanzar un exabrupto. Sin embargo, también demostró su habilidad para que ninguna de las barbaridades de Vox llegaran a materializarse. Esperemos que vuelva a gozar de esa cintura; que, como portero que fue de pequeño, detenga los tiros envenenados de sus futuros socios; y que al final todo quede en un vulgar reparto de sillones.
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