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Y Salamanca cogió su fusil

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Hace muy bien el alcalde, aglutinando a los principales representantes públicos de Salamanca -salvo la Subdelegación del Gobierno, claro-, en llamar a los salmantinos a ... movilizarse contra el aislamiento endémico que sufrimos. Será el 10 de mayo en la Plaza Mayor cuando la ciudad y la provincia deberían echarse a la calle para reclamar no una aspiración, sino dignidad para una provincia en la que pagamos los mismos impuestos que los de Madrid, Sevilla o Alicante, pero que sin embargo recibimos sólo desprecio como única aportación. Madrid parece empecinarse históricamente en gritarnos ¡ahí os pudráis!, y no sólo el Madrid del PSOE, pues Aznar apenas hizo nada por Salamanca, y Rajoy, menos que cero, ni siquiera la variante de Buenos Aires, que aún hoy sigue esperando en el limbo del Ministerio de Obras Públicas, o como coños llamen ahora al Ministerio del gasto, hoy en tan tristes, desalmadas, sucias e incompetentes manos.

La situación de Salamanca es crítica, y no sólo en cuanto a sus deficientes comunicaciones. Recuerdo que hace ya muchos, muchos años, ya planteaba que los salmantinos deberíamos hacer una objeción fiscal, cero impuestos, habida cuenta de los escasos servicios que recibimos. Y aunque tratan de maquillarlo todo, incluso desde el PP, lo cierto es que Salamanca sigue siendo un agujero negro cada vez mayor. ¿De qué nos sirve el puerto seco si las líneas de ferrocarril o están cerradas o su electrificación lleva lustros de retraso? Y así todo, por mucho, insisto, que lo maquillen, por mucho que los palurdos locales quieran comparar Salamanca con Silicon Valley o con Bethesda. Conformémonos con que haya aspirinas en las farmacias…

Nos llaman a salir a la calle, pero no lo hagamos para reivindicar sólo lo nuestro, sino lo justo, lo mínimo en esa sociedad de libres e iguales que tanto reclamó (en el desierto) Cayetana Álvarez de Toledo. No habría que salir a la Plaza un domingo de mayo. Habría que salir a ponerlo todo patas arriba; habría que salir a cortar las autovías y a paralizar el poco tráfico ferroviario que tenemos. Paralizar Salamanca. Y Béjar. Y Ciudad Rodrigo. Aún recuerdo aquellos años, no tan lejanos, cuando la expresidenta de la Diputación, Charo Diego, y otros muchos, lideraron movimientos para exigir la conversión de la N-620 en autovía. Y recuerdo aquello casi como si hubiera sido guerrilla urbana, pues en Madrid no entienden ni de palabras ni de provincias, y menos de las del Oeste. Manifestémonos el 10 de mayo, pero que no sea nada festivo, al contrario, tengamos un fusil de asalto por diálogo. ¡Banzai!

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