Estafadores y timadores (y 4)
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Compartir«Los Mayitas». El 6 de julio de 1909, a las 3 de la tarde, fueron detenidos dos sujetos que intentaron dar un timo por ... el procedimiento del «entierro» y fueron puestos a disposición de la autoridad competente. Se habían reunido en la Alamedilla donde despacharon la merienda que portaba uno de ellos. Santiago Maya dijo a su compañero que iba a tomar una copa y se adentró en la capital en busca de una taberna. Al pasar por la tienda de embutidos que tiene en la calle de Toro doña Felisa Gómez, entró en ella, pidió la copa y empezó a pegar la hebra con la simpática dueña, quien le contó que su marido traficaba en lanas y que se encontraba fuera de Salamanca.
Con la disertación escuchada comenzó a preparar el golpe, salió de la tienda y se fue en busca del compañero. Al volver le contaron a Felisa la vulgar y conocida historia del «enterrador».
Había muerto en Cuba un caballero salmantino, dejando una herencia de muchos millones para misas que se dirían en Salamanca y cuyo estipendio sería de 5 duros. La señora les hizo saber que ella las pagaba a 2 pesetas y ellos siguiendo con la historia de que traían una gran cantidad de dinero, que le dejaron en depósito, le advirtieron que por disposición del difunto, al depositario se le gratificaría con el 3 por ciento, añadiendo que para algunos asuntillos, precisaban una pequeña cantidad, que le pidieron, dejando a cambio una porción de billetes.
La señora tuvo una corazonada y les increpó diciéndoles: «Ustedes son unos ladrones que me querían robar». Oírla y salir corriendo la pareja fue todo uno, pero en su carrera fueron detenidos por el guardia municipal número 36, Roque Martín que les retuvo, entregándose ambos sin la menor resistencia y protesta.
Los dos individuos resultaron ser hermanos: Se llamaban Miguel y Santiago Maya Sánchez, conocidos en el oficio por el apodo de «Los Mayitas», naturales de Huelva, de marcado acento andaluz, correctamente vestidos y de notables explicaderas. Santiago había llegado el día 5 y pasada la noche en una casa de lenocinio en el barrio chino y Miguel arribó el día 6, por la mañana, para encontrarse con su hermano en la Alamedilla.
Llegaron conducidos al Ayuntamiento y personado don Filiberto Villalobos, primer teniente de Alcalde, contaron los hechos sin negar que eran timadores y sin tratar de ocultar nada. Venían de Madrid y trataban de pasar a Portugal por lo que habían intentado sacarle cinco duros a la dueña de la tienda de ultramarinos para continuar el viaje.
Llevaban dos sobres llenos de billetes de banco de los que sirven como anuncios de muchas industrias y establecimientos comerciales, pero tan perfectamente imitados que engañaban a cualquiera al primer golpe de vista. En los sobres también había títulos de la Deuda y recortes de periódicos. Cuando llegó el alcalde don Florencio Marcos Martín, (que había tomado posesión del cargo el día 1, sustituyendo a don Manuel Mirat Domínguez), acompañado de su escolta el policía municipal Luciano Pérez, éste cambió impresiones con Miguel Maya como antiguo conocido, pues hacía 3 años que había sufrido ya una quincena de arresto, cosa que el timador no negó.
El hermano viajaba con un billete kilométrico extendido en Madrid el día 3 y cosa curiosa, no empezaría a regir hasta el día 14, pero ya le faltaban 200 km, justamente el recorrido del viaje de su traslado a Salamanca.
Puede observarse que el timo era muy antiguo y a lo largo del tiempo recibió diversos nombres: «Timo de las Misas», «Cuento del Tío» o «Timo del Entierro». El timado, también en la jerga del oficio recibió variados nombres: «Julay», «Capullo», «Memo», «Lila», «Primavera», «Notario», «Primo», «Pringao» o «Pardillo».
El refranero sobre el particular, también es abundante: «Nadie da duros a cuatro pesetas», «prefiero la parte que tengo, al duro que me vas a dar» o «la avaricia rompe el saco». También: «El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás», «los que piensan que no pueden ser engañados, son los que más se sorprenden de serlo» o «La primera vez que me engañes, será culpa tuya; la segunda vez, la culpa será mía.
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