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Cuentos chinos

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01.05.2026

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV

Hay tipos que caen bien. Sin más. No le demos más vueltas. Tipos que pasan por los sitios, incluso por las más altas instituciones y ostentan las mayores responsabilidades, dejando a su paso un buen sabor de boca. La gente los suele recordar con una sonrisa. Hagan lo que hagan (si es que hacen) y digan lo que digan. Mariano Rajoy es uno de ellos. Con Rajoy uno se toma un café (lo digo por experiencia) y pasas un buen rato. Te ríes, te relajas, intercambias chascarrillos, alguna confidencia menor (o sea, alguna maldad sobre un excompañero, incluso sobre algún un exjefe suyo, y hasta ahí puedo leer), y al despedirte piensas «qué tío más enrollado». Porque Rajoy consigue que durante un tiempo te olvides del Prestige, la Kitchen, la Gurtel, la caja B del partido, los papeles de Panamá, el fiasco del referéndum independentista…

Rajoy mola, porque va a su aire. Lo demostró el otro día durante su testimonio en la Audiencia Nacional en el caso Kitchen. Rajoy, como si fuese Morante de la Puebla, cogió la muleta (los toros son otra de sus aficiones) y ofreció una lección de toreo de salón (judicial): naturales, derechazos, pases de pecho… En un estilo único e inimitable, declaró con cara de pasmo y sin inmutarse que él no sabía nada del espionaje a Bárcenas (poseedor de los papeles que acreditarían el supuesto dinero negro del PP y a quien animó en un guachap a «ser fuerte»), no vio nada,........

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