El rabo de SAIC (MG para los amigos)
Terminal de vehículos de Bouzas, una de las paradas de la delegación de SAIC en sus contactos con el Puerto. / Marta G. Brea
Hermetismo total de la Xunta sobre las negociaciones con el grupo chino SAIC, el que desde hace años explota la otrora marca británica MG —igual les acabo de hacer un spoiler: sí, MG es made in China—, acerca de la posible apertura de una planta de ensamblaje en Galicia. Pero, todo hay que decirlo, no pueden evitar —los amigos de la Xunta— una sonrisilla floja, un silencio incómodo o expresiones del tipo «hasta el rabo todo es toro» que, para los que llevamos tiempo en esto de los medios de comunicación, son señales bastante claras de que la cosa está madura y avanza por buen camino.
Hace más de dos años que ojeadores —sí, como en el fútbol— de SAIC vinieron por aquí para explorar la posibilidad de implantarse, como bien ha contado el lince de Adrián Amoedo, al que de esto del motor no se le escapa una. Bueno, por aquí, por Galicia, pero también por otras regiones de España y países europeos. Aun así, parece que les hemos gustado. Desde entonces, reuniones al más alto nivel con la Xunta, con los puertos, con el clúster… y visitas a posibles ubicaciones, aquí en el sur —como la Plisan— y también en el norte. Buenas intenciones, buena disposición, interés, y hasta súplicas para mantener todo el proceso en secreto —soñar es gratis—. Pero faltaba ese empujoncito final para el apretón de manos definitivo.
Ese último arreón llegará la próxima semana, y tal honor corresponde al presidente Alfonso Rueda, que, sí, viajará a China para reunirse con la cúpula de SAIC. Blanco y en botella, pensarán. Tiene pinta, sí. Porque Rueda y la conselleira María Jesús Lorenzana, baionesa de adopción, no solo se reunirán con SAIC, sino también con empresas clave de su cadena de valor: la filial logística del grupo (Anji Logistics, que opera 41 buques), su socia en baterías (Quingtao) y uno de los proveedores de componentes y tecnologías (Hasco). Vamos, todo lo necesario para poner en marcha una planta de ensamblaje de nuevo cuño como la que aspiramos a acoger. Ya me imagino a mis colegas de la Xunta: «no demos nada por hecho», «sin comentarios» y, mi favorita, «hasta el rabo todo es toro».
Será que libro este fin de semana, pero soy optimista y creo que, esta vez sí, Galicia está a punto de pescar una segunda planta de coches. Lo intentamos con Toyota en los ochenta y la perdimos por la conflictividad de la reconversión naval. Luego con BMW, y nos ganó la carrera el Este de Europa. Con Mitsubishi —aunque no era una fábrica de automóviles, sino de baterías de litio— metimos la pata hasta el fondo al no garantizar terrenos ni seguridad jurídica, y después el tsunami de Fukushima acabó por enterrar cualquier opción. Más tarde hubo tanteos de Tesla, BYD y alguna otra. Pero esta vez parece diferente. Conviene recordar que los fabricantes chinos están locos por implantarse en Europa para sortear aranceles.
Otra cosa es qué tipo de fábrica será —lo habitual es comenzar con el montaje de coches que se importan despiezados, lo que se conoce como CKD—, cuánto empleo generará, de qué calidad, y dónde se ubicará. Sinceramente, no creo que sea en el área de Vigo —una pena para la Plisan—, para no entrar en competencia directa con Stellantis, poco amiga de compartir lo que considera suyo. Intuyo, por tanto, que mirarán hacia el norte. En algunos círculos se habla incluso de una primera instalación en el puerto de Ferrol. Veremos. En cualquier caso, sería una buena noticia para el conjunto de la comunidad —para que luego me llamen localista—. Lo importante es que venga y que aporte.
Así que estaremos muy atentos a ese viaje a China de Rueda —parece que está de moda: hace unos días estuvo Pedro Sánchez y la próxima semana también estará por allí el delegado de Zona Franca, David Regades— para comprobar si, como decía Amoedo, consigue echarle el lazo a una inversión que pondría fin a años de sequía en el sector.
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Y entonces sí, podremos dejar de repetir eso de «hasta el rabo todo es toro» y simplemente felicitarnos por la faena. Igual hasta nos sacan a hombros.
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