Grossi no se moja
Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), aspira a suceder al portugués António Guterres como secretario general de la ONU.
Y ha demostrado que está dispuesto a hacer lo que haga falta; por ejemplo, no contrariar al presidente Donald Trump para poder realizar su ambición.
Así, preguntado en la CNN por el conocido periodista Fareed Zakaria sobre si la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es «ilegal», el diplomático argentino no quiso mojarse.
Desde 1945 ha habido más de treinta guerras y solo dos fueron legales, la de Corea, en 1950, y la primera guerra del Golfo, en 1991, explicó Grossi, saliéndose por la tangente.
Según el argentino, no tiene sentido perderse ahora en disquisiciones académicas sino que lo importante es «resolver el problema».
«Lo primero debe ser la diplomacia, y creo que Trump lo ha dicho, lo cual es bueno», sentenció.
Grossi es consciente de que no conseguirá el puesto que ambiciona sin halagar al ocupante de la Casa Blanca, y está por lo visto dispuesto a hacerlo.
Pero su trayectoria también al frente del OIEA es discutible, al menos así lo ve el Gobierno de Teherán.
El director de la agencia nuclear iraní, Mohammad Eslami, le acusa de haber hecho del OIEA un instrumento al servicio de la guerra ilegal contra su país.
Así, Grossi no condenó los bombardeos que llevó a cabo Estados Unidos el pasado mes de junio contra las instalaciones nucleares iraníes pese a que, según Eslami, eran de uso exclusivamente civil.
Días antes de aquel primer ataque no provocado de Israel y EE UU, el organismo que dirige Grossi publicó un informe en el que acusaba a Teherán de incumplimiento de sus obligaciones.
A lo cual siguió la publicación de una resolución contra Irán de la junta de gobernadores del OIEA presentada por los europeos y secundada por EE UU, que propició, según Eslami, tanto el ataque contra su país como el asesinato de varios científicos nucleares y mandos militares iraníes.
Grossi dijo también que pese al bombardeo por EE UU de las instalaciones nucleares iraníes, en junio pasado, Teherán podría reconstruir su capacidad de enriquecimiento de uranio, imprescindible para la fabricación de una bomba atómica como las que posee, sin haberlas declarado oficialmente, Israel.
En el pódcast Useful idiots que tienen los lunes el joven periodista canadiense Aaron Maté y la estadounidense Katie Halper y en el que repasan los programas de televisión del fin de semana previo, Maté recordó un caso conocido de presiones ejercidas por Washington sobre el director de otro organismo de control de armamento.
Maté, judío antisionista como su colega Halper, recordó lo ocurrido en 2002 al brasileño José Mauricio Bustani, que estaba al frente de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.
El entonces subsecretario de Estado John Bolton veía en Bustani un obstáculo para los planes del Gobierno de George W. Bush de invadir Irak, ya que el brasileño insistía en la inspección pacífica de las supuestas armas químicas de Sadam Husein.
Bolton, conocido «halcón», amenazó supuestamente a Bustani al más puro estilo mafioso diciéndole que sabía dónde en Nueva York vivían sus hijos.
La amenaza dio resultado, el brasileño presentó la dimisión. Y pocos meses después, EE UU invadió Irak junto al Reino Unido, Australia, Polonia y otros aliados, entre ellos España, con el falso pretexto de las armas de destrucción masiva del dictador iraquí.
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