¿Quién tiene miedo a los libros?
Una mujer lee, sentada en un banco. / Miguel Ángel Gracia | EPA
Siempre he dicho que hay tres tipos de libros: los que hablan de ciencia, los de literatura y sobre literatura, y los libros de ocurrencias. Los primeros los escriben los científicos, los segundos los lee quien los escribe y los terceros son los que reciben los premios del poder cultural y político, valga la redundancia.
La política no premia la inocencia, sino la irrelevancia. Ahora, a la irrelevancia, se la llama cultura. Y, por supuesto, se la galardona y condecora, no porque sea valiosa, sino porque no molesta y entretiene más que el flautista de Hamelin. Fíjense en estos datos fetichistas.
El último Barómetro de Hábitos de Lectura confirma en este mes de febrero una tendencia sostenida al alza: alrededor del 70% de la población mayor de 14 años lee libros, y la proporción de jóvenes lectores se mantiene especialmente alta. Los que no leen representan poco más de un tercio de la población. Son los malos de la película. Desde luego, nunca hemos sido tan inteligentes. Ni tan buenas personas.
Un tercio de los lectores utiliza soportes digitales y más de la mitad de la población ha comprado libros recientemente, mientras que casi un 30% acude a bibliotecas (supongo que a leer, aunque sea el móvil). La lectura aparece así como una actividad social consolidada y «transversal» (esta palabra es de algunos comentaristas, yo no hablo así, que conste).
Ante estos datos, alguien como Byung-Chul Han dirá, sin lugar a dudas, que «el hombre es un animal que lee». No me negarán que la frase es buena, pero sólo si la suscribe él. Si la dice cualquiera de........
