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Lugo: la tentación del PPdeG, el desgaste del PSdeG

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La concejala María Reigosa y el alcalde de Lugo, Miguel Fernández. | ECG / X. A. T.

La última moción de censura en una gran ciudad gallega se remonta a Ferrol, en septiembre de 1991. Y el PSdeG gobierna el Concello de Lugo desde 1999. Estos dos datos bastan para medir el alcance político del movimiento que prepara el PP, vía moción de censura. No sería un simple relevo en una alcaldía, sino la quiebra de uno de los grandes bastiones históricos del socialismo gallego.

Elena Candia toma una decisión de alto riesgo. La moción de censura es un mecanismo plenamente democrático y, además, el PP fue la lista más votada en las municipales de 2023, con 12 concejales, frente a los 8 del PSOE y los 5 del BNG. Pero la política local no se entiende solo con calculadora. Los populares intentan ahora alcanzar la alcaldía en un contexto extraordinariamente sensible: tras la muerte de Paula Alvarellos, que había relevado a Lara Méndez, la llegada posterior de Miguel Fernández a la alcaldía y el fallecimiento también de los concejales Pablo Permuy y Olga López Racamonde. La operación solo es viable, además, porque María Reigosa abandonó el PSOE y pasó a ser edil no adscrita.

Ahí está la clave del relato. El marco de la moción es políticamente delicado y obliga al PP a explicar muy bien por qué Lugo necesita un cambio de rumbo justo ahora. No le bastará con invocar su condición de fuerza más votada. Tendrá que convencer a la ciudad de que no está simplemente capitalizando la fragilidad del adversario. Porque una cosa es disputar el poder y otra muy distinta que una parte del electorado perciba que se accede a él al calor de desgracias personales. Dentro de apenas un año, serán los lucenses quienes emitan el veredicto definitivo en las urnas.

El PP se la juega, pero no es el único. El PSdeG y, con él, José Ramón Gómez Besteiro. Lugo no es una plaza cualquiera: es su feudo político, el territorio desde el que siempre proyectó fortaleza y el lugar que hoy le provoca más desgaste. Si el PSOE pierde una de las tres grandes alcaldías gallegas, Besteiro difícilmente podrá atribuir el golpe a agentes y factores externos. El deterioro ya venía de antes con la crisis abierta en torno al caso de José Tomé en la Diputación de Lugo, que dejó tocada a la dirección gallega y erosionó su autoridad, dentro y fuera del partido. La crisis en el concello de la capital de provincia arrancó cuando Lara Méndez renunció a la alcaldía de Lugo para convertirse en la número dos de Besteiro en el partido y en el Parlamento gallego. Fue una decisión nunca bien explicada y su relevo ya suscitó entonces tensiones en el socialismo de la ciudad.

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El PSdeG siempre ha presumido de ADN municipalista. Su poder institucional, su red territorial y buena parte de su identidad política nacieron en los ayuntamientos. Y, sin embargo, ese poder hace tiempo que da señales de fatiga. No ocurre solo en Lugo. En Santiago, donde el PSOE gobernó 31 de los 45 años transcurridos desde 1979, el grupo socialista arrancó esta legislatura con seis concejales y el año pasado se quedaba con dos, después de la expulsión de cuatro ediles que pasaron a ser no adscritos tras una guerra interna devastadora. La crisis compostelana y la amenaza sobre Lugo cuestionan la solvencia de la actual dirección del PSdeG. José Ramón Gómez Besteiro regresó a la política autonómica en 2024 para revitalizar el partido. Debía ensancharlo, en cambio parece que mengua.

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José Ramón Gómez Besteiro


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