Genoma, exposoma y envejecimiento desigual
Una mujer disfruta de un paraje natural / Marta G. Brea
Durante años, los autores han promovido la idea de que la genética solo afectaba nuestra esperanza entre el 10% y el 25% y que la exposición a los efectos de nuestro entorno y a nuestras circunstancias vitales definían el otro 75 o 90% de nuestra longevidad.
Recientemente, un estudio hiló más fino y sustrajo de la ecuación las muertes causadas por factores externos (accidentes, infecciones, violencia, pandemias y riesgos medioambientales) y se centró en analizar los fallecimientos que se debían a causas de envejecimiento. Entonces, la lotería genética aumentaba su impacto en la esperanza de vida hasta el 50%.
Que el otro 50% del envejecimiento (y calidad de vida) dependa de nuestros hábitos no es poca cosa. Tampoco reduce la desigualdad que se ve en esta longevidad. Nuestra esperanza de vida saludable está influenciada por el estatus socioeconómico, la educación, el estilo de vida, el entorno o el acceso a la atención pública de salud. Como se suele decir, el código postal donde naciste influencia nuestra esperanza de vida saludable. Estos factores componen el EXPOSOMA, no solo nuestro genoma, sino también nuestro entorno socioeconómico y territorial.
¿Qué es el exposoma? El aire que respiras, el sistema educativo al que fuiste, la red social que tienes –o no tienes–. El estrés crónico que sostiene tu cuerpo cada día. La calidad de lo que comes. Las políticas públicas del territorio donde vives.
Esto implica que el envejecimiento queda definido por la biología (genética), tu lugar de nacimiento, donde trabajas, el entorno y el desgaste biológico acumulado a lo largo de la vida. Por eso hay tanta diversidad en el envejecimiento, incluso dentro de una misma familia. La longevidad es muy desigual y no es homogénea.
El exposoma tiene cinco dimensiones que se acumulan en nuestro cuerpo a lo largo de la vida y que se pueden medir igual que el genoma. Y cuando las autoridades acceden a estos datos pueden generar políticas públicas que sí modifiquen el diseño urbano con espacios verdes, promuevan el acceso a productos alimenticios frescos, construyan arquitecturas sociales que impulsen las relaciones multigeneracionales. Las cinco dimensiones son:
Exposoma físico es la exposición al medio ambiente (calidad de aire, polución, toxinas, químicos a los que estamos expuestos) que se puede modificar con políticas medioambientales y urbanas.
Exposoma socioeconómico viene dado por la calidad de los sistemas educativos, los de salud, la vivienda y por las redes familiares y sociales.
Exposoma interno que definimos con nuestro estilo de vida y la calidad de nuestras relaciones (calidad de nutrición, estrés, sistema inmune, hábitos saludables, ausencia de relaciones tóxicas).
Capital cognitivo son los conocimientos, capacidades, valores y actitudes para vivir y promover una sociedad sostenible y, también por la capacidad para manejar nuestras emociones. Son conocidas como habilidades verdes (green skills)
Sistema sanitario, medioambiental y de políticas públicas en que vivimos.
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El exposoma es el mapa de todas las huellas socioambientales y de políticas públicas que afectan el envejecimiento. Las autoridades políticas, al conocerlas, pueden extraer lecciones para favorecer una longevidad saludable: la dieta mediterránea o la atlántica; la actividad física diaria; la exposición a ambientes naturales diversos. Propiciar espacios sociales que favorezcan las relaciones personales multigeneracionales, los lazos en la comunidad, el sentido de propósito y rutinas que disminuyan el estrés crónico y aumenten la resiliencia psicológica. Así como políticas que mejoren la calidad medioambiental y ecológica, que reduzcan la polución industrial y la exposición a toxinas.
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Alfabetización en la nueva longevidad
