Perú escucha tarde: la pérdida auditiva crece y seguimos sin detectarla a tiempo
Cada 3 de marzo, el Día Mundial de la Audición pone el foco en una verdad simple: escuchar bien no es un “extra”, es clave para aprender, trabajar, comunicarnos y mantenernos seguros. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hoy más de 1.5 mil millones de personas viven con algún grado de pérdida auditiva y que 430 millones requieren rehabilitación por pérdida auditiva discapacitante; si no actuamos, para 2050 esa cifra podría superar los 700 millones. En el Perú, el reto se ve cuando miramos la brecha entre lo que existe y lo que se registra. La cifra más citada de alcance nacional proviene del Censo 2017 del INEI: más de 232 mil personas reportaron “dificultad para oír”. Sin embargo, en registros más recientes, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (a través de CONADIS) informó que, al 23 de septiembre de 2025, había 53,842 personas sordas inscritas en el Registro Nacional de la Persona con Discapacidad; el propio comunicado reconoce que ese número refleja solo una parte de la comunidad sorda, porque no todos están registrados. Esa diferencia importa: si no se identifica y acompaña a tiempo, la pérdida auditiva se traduce en retrasos del lenguaje, bajo rendimiento escolar, aislamiento, dificultades laborales y mayor riesgo de depresión, especialmente en adultos mayores. ¿Se puede “curar” la sordera? Depende de la causa. Algunas pérdidas auditivas son reversibles o mejorables con atención oportuna: tapones de cerumen, otitis, perforaciones del tímpano o problemas del oído medio. En otros casos, la clave es rehabilitar para recuperar función: audífonos, sistemas de amplificación, terapia de lenguaje y rehabilitación auditiva pueden transformar la comunicación diaria. Para pérdidas severas o profundas, en pacientes seleccionados, los implantes cocleares pueden brindar acceso a sonidos y favorecer el desarrollo del lenguaje, sobre todo si se interviene temprano y se mantiene terapia. Pero la respuesta no es solo clínica: también es accesibilidad. Subtítulos en trámites, intérpretes de lengua de señas en salud y educación, apps de transcripción en tiempo real y alarmas visuales o por vibración reducen barreras desde el primer día. La agenda para el Perú debería priorizar tres frentes: prevención, detección y continuidad. Prevención significa educar sobre “escucha segura” y controlar la exposición a ruido en trabajo y entretenimiento. Detección implica tamizaje auditivo neonatal y controles escolares, con rutas claras de referencia a otorrinolaringología y audiología en regiones, no solo en Lima. Y continuidad significa garantizar no solo el dispositivo, sino baterías, moldes, mantenimiento y seguimiento, porque un audífono sin soporte termina guardado en un cajón. En el Día Mundial de la Audición, el llamado es concreto: medir mejor, detectar antes y rehabilitar a tiempo. Escuchar mejor mejora la salud; incluir mejor mejora el país. @sandrostapleton
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