Economía y política: peor imposible
En medio de una coyuntura internacional compleja, el Banco Central de Reserva, en el caso peruano, ha optado por un prudente optimismo. Ha elevado su proyección de crecimiento para el 2026 de 3.0 % a 3.2 %, impulsado por una recuperación del consumo, la inversión privada y el dinamismo de sectores como comercio y servicios. No es una mala noticia. Pero tampoco es suficiente. Ese crecimiento —moderado, sostenido— no responde a una acción decidida del aparato político, sino más bien a la capacidad de resistencia de la economía peruana, que sigue funcionando incluso cuando la política parece desordenarse. Ese es, precisamente, el problema de fondo. Hoy el país enfrenta una situación que, en cualquier otra circunstancia, resultaría impensable. Nos encontramos a pocos días de un proceso electoral nacional y, sin embargo, tenemos un gabinete que aún no ha recibido el voto de confianza del Congreso. Es perfectamente posible que los peruanos acudan a las urnas sin que el Ejecutivo cuente con una investidura formal. Esto significa que el Estado sigue operando, sin duda, pero algo no cuadra. La economía puede seguir avanzando por inercia durante un tiempo. Las exportaciones continúan siendo un pilar, el consumo se mantiene activo y la inversión privada muestra señales de recuperación. Pero ningún país puede aspirar al desarrollo sostenido si su conducción política se vuelve errática o, peor aún, irrelevante. Lo que estamos viendo no es solo una crisis coyuntural, sino una tendencia preocupante. En la última década hemos tenido ocho presidentes y más de 200 ministros. Esa rotación permanente no solo debilita la capacidad de gestión del Estado, sino que desalienta a los cuadros técnicos más calificados, que prefieren mantenerse al margen antes que exponerse a un entorno político impredecible. La consecuencia es que la política deja de ser un instrumento para impulsar el desarrollo y se convierte en un factor de incertidumbre. En este contexto, resulta inevitable mirar con atención el proceso electoral que se avecina. No se trata únicamente de elegir a un presidente, sino de comprender que la gobernabilidad dependerá también de la calidad del Congreso y, en particular, de un Senado que tendrá un rol determinante en los próximos años. Un Ejecutivo sin respaldo legislativo es, en la práctica, un Ejecutivo débil. Y un país que encadena gobiernos débiles difícilmente puede sostener una agenda de reformas o inversiones de largo plazo. Tengamos en cuenta que el conflicto en Medio Oriente, el alza del petróleo y su impacto en fletes, fertilizantes y alimentos pueden presionar la inflación y afectar directamente el bolsillo de los peruanos. Frente a ese escenario, la estabilidad interna es una necesidad urgente. No se trata solo de votar, sino de elegir con responsabilidad. De evitar la dispersión, de apostar por opciones viables y, sobre todo, de entender que gobernar exige ganar una elección, pero también construir mayorías que permitan generar consensos. El crecimiento económico no puede sostenerse indefinidamente en piloto automático. Y ningún país puede desarrollarse si su política se convierte en el principal obstáculo para su propio progreso. Elijamos bien. Votemos por el Perú.
Ex primer vicepresidente del Perú
Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.
📲 Noticias a tu WhatsApp
Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.
