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Por los caminos del Señor

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22.03.2026

Hola… En el verano de hace algunos años, una mañana relativamente temprano, fui a la playa que está al lado del seminario agustino, junto al peaje de la Panamericana Sur. Me gusta caminar por la orilla, trotar y, al mismo tiempo, respirar ese aire puro y lleno de vida que nos regala el mar. A esa hora eran pocas las familias que se encontraban en la playa y a lo lejos vi un grupo de niños muy concentrados haciendo hoyos en la arena. Les pregunté si eran hermanitos; tendrían no más de ocho años. Me respondieron que eran primos y que les gustaba sacar de la arena muy muy. Uno de ellos me dijo: “A mí no me gusta sacar muy muy, yo quiero encontrar conchitas de colores para guardarlas en mi casa. Cuando vengo con mis papás, me dan permiso para buscarlas, y mi mamá me las coloca en un lugar de mi habitación para que yo las pueda ver”. Tenía en la mano cuatro o cinco conchitas y, mostrándome una, añadió con entusiasmo: “Esta es la más bonita de todas, incluso más que las que tengo en mi casa, y me la voy a llevar”. Seguí conversando con ellos y luego continué trotando por la playa. Mientras avanzaba, pensaba en cómo, a veces en la vida, buscamos encontrar lo bello y, en la medida de lo posible, guardarlo como un tesoro. Lo que compartiré a continuación lo encontré en internet. No he podido confirmar si realmente pertenece a Gabriel García Márquez, pero así aparecía presentado. Me gustaría que lo leas y, si es posible, que lo guardes en el corazón: Gabriel García Márquez decía: Si usted ya llegó a los sesenta, deje de contar las monedas y empiece a contar los momentos. Porque mientras usted sigue ahorrando “por si acaso”, los “por si acaso” andan afilando el colmillo, esperando su cansancio para disfrutar lo que usted no se permitió. Ya trabajó, ya crió, ya sufrió. Ahora es su turno de mirar el amanecer con calma, de comprarse lo que siempre postergó, de tomarse el café más caro sin culpa y con una sonrisa. No se meta en negocios locos ni se deje convencer por el hijo “emprendedor” que siempre tiene una “gran idea” y ninguna factura pagada. Y por favor: no viva con sus hijos. Visítelos, abrácelos, pero conserve su puerta y su paz. No cargue con los problemas de nadie. Los nietos son para reír, no para criar; los hijos, para amar, no para mantener. A esta edad, cuide su cuerpo, pero más su ánimo. No hable tanto de las enfermedades ni de las pastillas; hable de viajes, de canciones, de recuerdos bonitos. Y si alguien le dice que “ya no sirve para nada”, sonría con elegancia… y piense que esa persona todavía no entiende lo que es llegar lejos sin deberle nada a nadie. Ría, viva y deje que el resto se amargue por gusto. Usted ya ganó: sigue aquí, en pie, con historia y con estilo. ¡Y eso es realmente un privilegio! Feliz y bendecido día, mi gente querida. Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga! Contáctanos en FB Padre Pablo Larrán y TikTok: @padrepablolarran

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