Cuba: 67 años en la oscuridad
El 8 de enero de 1959 ingresaron a La Habana columnas revolucionarias comandadas por Fidel Castro. El suceso provocó júbilo en la isla antillana porque significaba el inicio de un cambio para construir una sociedad libre, democrática y más justa. La lucha, además, había sido larga y sangrienta, iniciada el 26 de julio de 1953, cuando 136 jóvenes asaltaron el cuartel Moncada, muriendo 55 de ellos. Quienes sobrevivieron fueron encarcelados, después amnistiados y expulsados a México, donde se reagruparon para retornar al combate. Regresaron el 2 de diciembre de 1956, mejor armados y avituallados. Se internaron en Sierra Maestra, cadena montañosa de difícil acceso, desde donde lanzaron un manifiesto para unificar a la oposición en demanda de elecciones generales. Conquistado el poder, en abril de 1961 derrotaron a un batallón de exiliados financiados por Washington, operativo que terminó en desastre porque murieron 100 invasores y 3 mil resultaron capturados, para luego canjearlos por alimentos y medicinas por un monto de 53 millones de dólares, equivalentes a 570 millones de dólares actuales. Otro grave suceso ocurrió en octubre de 1962, luego de que un avión espía estadounidense filmó que se habían montado en Cuba plataformas para lanzar misiles de mediano y largo alcance R-12 y R-14, armatostes trasladados en buques soviéticos. Esto motivó que naves norteamericanas establecieran un bloqueo marítimo o cuarentena naval, hasta que 20 días después el Kremlin dispuso retirar el material bélico. Castro se proclamó comunista, encadenándose política y económicamente a Moscú que, por más de 30 años, subsidió su economía por un monto estimado en 65 mil millones de dólares, además de proporcionarle aviones, tanques y barcos de guerra, a cambio de que promoviera guerrillas izquierdistas en el hemisferio. A partir de 1999, Venezuela tomó la posta, entregando 60 mil millones de dólares a la isla, a cambio de asesoría política, inteligencia y contrainteligencia. En el plano interno, Castro expropió, sin compensación, todas las propiedades estadounidenses, incluyendo viviendas. Centenares de opositores resultaron encarcelados o fusilados. La libertad de prensa fue suprimida y el único medio permitido era, y es, el diario oficialista Granma. También proscribieron las agrupaciones políticas, a excepción del Partido Comunista; no convocaron a elecciones y quienes protestaban terminaban presos. Han transcurrido casi 70 años y el experimento comunista terminó en un desastre. En Cuba no hay electricidad 20 horas al día. No hay fármacos. Los hospitales están desabastecidos. La comida escasea. Entre 1985 y 2024 las exportaciones disminuyeron en un 78 %. El consumo per cápita de carne de res es de 438 gramos. La sobrevivencia del régimen depende del auxilio de Rusia, China y ahora de México, así como de remesas del exterior y de los ingresos del turismo. Esta crisis casi terminal ha espoleado la migración de un millón 700 mil personas hacia Centroamérica y Miami. El presidente Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, resultan actores de primer orden para el destino de la patria de Martí. Pero cualquier salvataje estadounidense pasa por tres condiciones: convocatoria a elecciones libres y supervisadas internacionalmente, funcionamiento de partidos políticos y circulación de medios de prensa independientes. Difícilmente el alto mando cubano, y especialmente su presidente, el autócrata Miguel Díaz-Canel, acepte estas condiciones, porque sabe bien que sería derrotado en las urnas.
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