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El consumo interno en el Perú

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25.03.2026

A pocas semanas de las elecciones generales de 2026, y en medio de un contexto de incertidumbre tanto global como local, el Banco Central de Reserva ha elevado su proyección de crecimiento de la economía peruana de 3.0% a 3.2%. En ese escenario, el consumo interno —uno de los principales motores de la economía— se proyecta con un crecimiento superior al 4%, impulsado principalmente por los sectores comercio y servicios. El consumo interno se refiere al uso de bienes y servicios dentro del territorio nacional, incluyendo tanto el consumo privado de las familias como el gasto público. En el caso peruano, el consumo privado representa aproximadamente el 65 % del PBI, lo que lo convierte en un factor determinante para la dinámica económica. Este componente viene mostrando una tendencia positiva, respaldada por la recuperación progresiva del empleo y una mayor disposición al gasto, a pesar de las recurrentes tensiones en el ámbito político que, por su frecuencia, han dejado de sorprender. Un indicador que suele utilizarse como termómetro del mercado es el consumo de cemento, el cual continúa en ascenso. En enero de este año registró un crecimiento de 13.6 %, acumulando doce meses consecutivos de expansión. Este dinamismo responde tanto a proyectos inmobiliarios y procesos de autoconstrucción como a inversiones en infraestructura vinculadas a los sectores minero, energético y de hidrocarburos. A ello se suman los avances en la ejecución de obras públicas en los distintos niveles de gobierno —nacional, regional y local— en ámbitos como infraestructura vial, sistemas de agua y saneamiento, prevención de desastres y construcción de hospitales y centros educativos. Todo ello contribuye a dinamizar la economía y generar empleo. En efecto, el fortalecimiento del consumo interno está estrechamente vinculado a la inversión. Impulsar la inversión pública y privada no solo permite cerrar brechas estructurales, sino también generar empleo, lo que a su vez sostiene la expansión del consumo. En ese sentido, el próximo gobierno tiene la oportunidad de llevar el crecimiento económico a tasas significativamente superiores a las registradas en los últimos años. Para ello, resulta clave articular de manera eficiente los cinco motores fundamentales de la economía: la inversión pública, que representa el 20 % de la inversión total y enfrenta el reto de destrabar proyectos; la inversión privada, que concentra el 80 % y proyecta un crecimiento cercano al 9.5 % para 2026; las exportaciones, que continúan batiendo récords gracias a una estrategia sostenida como el Plan Estratégico Nacional Exportador (PENX); el turismo, sector con alto potencial aún por recuperar; y el consumo interno, que depende del desempeño de los cuatro anteriores. Bajo el enfoque de la economía social de mercado –que promueve la USIL a través de la Cátedra Konrad Adenauer–, se reconoce que el principal motor del desarrollo es el sector privado. En ese marco, el Estado debe cumplir un rol claro: promover la inversión (a través de entidades como Promperú y Proinversión), facilitar la actividad económica mediante la simplificación administrativa y la digitalización de procesos, y regular con eficiencia a través de instituciones sólidas. Atendiendo prioridades fundamentales como educación, salud e infraestructura, y fortaleciendo este equilibrio entre Estado y empresa, el país no solo puede crecer, sino también avanzar hacia un desarrollo más inclusivo. El desafío es convertir el crecimiento en bienestar tangible, reduciendo la pobreza y cerrando brechas que aún afectan a millones de peruanos.

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