El estatismo y la economía social de mercado
La economía social de mercado se opone al mercantilismo de derecha (oligarquía), que usa el poder del dinero para distorsionar los mercados, generando a su favor monopolios, oligopolios, leyes con nombre propio, etc.; y también al mercantilismo de izquierda (estatismo), cuyos promotores se valen del control absoluto del Estado para hacer lo mismo. El estatismo tiene una justificación que, en teoría, puede parecer irrefutable; sin embargo, no funciona en un mundo contaminado como el nuestro. Por su parte, la economía de mercado presenta aspectos imperfectos, pero funciona en una realidad viciada como la que vivimos. Por ello, nuestra Constitución vigente contiene principios orientadores que buscan evitar los excesos de ambos extremos y promover una organización equilibrada del país. Así, el artículo 58 señala lo siguiente: “La iniciativa privada es libre. Se ejerce dentro de una economía social de mercado. Bajo este sistema, el Estado orienta el desarrollo del país y actúa principalmente en la promoción del empleo, la salud, la educación, la seguridad, los servicios públicos y la infraestructura.” Por su parte, el artículo 61 establece: “El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni acuerdo puede autorizar ni establecer monopolios. La prensa, la radio, la televisión y demás medios de expresión y comunicación social y, en general, las empresas, los bienes y los servicios relacionados con la libertad de expresión y comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares.” Todos los Estados tienen tres poderes. El primero es el burocrático, generado por la conducción del gobierno. El segundo es el económico, que proviene de la inversión y de la actividad productiva. El tercero es el originado por factores vinculados al trabajo. La suma de dos de ellos siempre resulta superior al tercero; por ello, nunca un conjunto de individuos debe controlar más de uno de esos poderes, porque ello rompe el equilibrio social y político. El estatismo, entendido como mercantilismo de izquierda, genera dictaduras como la rusa, la china, la venezolana, la nicaragüense o la cubana. Ello ocurre porque, al desalentar la inversión no estatal, termina controlando dos de los tres poderes: el burocrático y el económico, que el estatismo convierte también en burocrático. De ese modo, puede abusar de quienes solo controlan el poder generado por el resto de los factores, incluido el trabajo. En cambio, una economía social de mercado bien entendida busca impedir tanto el abuso del dinero privado como el abuso del poder estatal. Su finalidad no es destruir la iniciativa privada, sino ponerla al servicio del bien común y del desarrollo nacional. Tampoco pretende anular al Estado, sino darle un papel rector, promotor y supervisor, evitando que se convierta en dueño absoluto de la sociedad. Ojalá esta corta nota te ayude a votar bien.
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