Cuidado con el hartazgo de los peruanos
En las elecciones del 2021 el pueblo peruano dio un salto al vacío eligiendo a Pedro Castillo, y no solo fueron la promesas de este personaje ignorante, como el cambio de Constitución y el modelo de la sociedad peruana, entre otros, que le permitió ganar, sino también el hartazgo del pueblo peruano con los políticos, la inestabilidad y constantes cambios de gobierno y congreso, y también el impacto en su vida diaria de los coletazos de la pandemia, el desempleo, y sobre todo la inflación que en el 2021 fue de 6.43% afectando especialmente a los más pobres, comparado con 1.51% en el 2025. Para la elección del 2026 algunos de estos factores persisten, la inestabilidad política con cuatro presidentes en 5 años, un congreso desacreditado e impermeable a la opinión pública, y después de meses de inflación baja, hoy acecha una fuerte alza de precios por los efectos del Niño costero, y sobre todo el alza de los precios de los combustibles impactados por la guerra entre Israel y Estados Unidos con Irán que se trasladan directamente al costo de la energía y al transporte, y que tienen un efecto transversal en la economía. Aún no tenemos cifras de inflación del mes de marzo, pero ya vemos alzas en los precios de los combustibles de más de 50% y eventualmente esto se trasladará en los precios del transporte, los alimentos y demás elementos en la canasta familiar, así como a los insumos de los productos que se consumen cotidianamente y que finalmente genera tensión en los presupuestos familiares. La inflación en el Perú ha sido uno de los factores económicos más influyentes en la vida cotidiana de la población, y por extensión en el escenario político. De cara a las elecciones del 2026, su impacto no solo se mide en cifras macroeconómicas, sino también en percepciones, expectativas y decisiones electorales. Aunque históricamente la inflación se ha mantenido relativamente controlada en comparación con otros países de la región, los efectos hoy de situaciones internas como el Niño costero, y globales, recientes, como los conflictos internacionales, y las interrupciones en la cadena de suministros han generado presiones inflacionarias importantes que se están traduciendo en un encarecimiento del costo de vida especialmente en productos básicos como alimentos, transportes, energía, e insumos agrícolas como fertilizantes. Para los ciudadanos la inflación no es un concepto abstracto sí no se siente directamente en el bolsillo al punto que cuando los precios suben más rápido que los ingresos, el poder adquisitivo disminuye. Esto afecta con mayor intensidad a los sectores más vulnerables que destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir necesidades básicas. En este contexto el malestar económico puede convertirse en descontento social, un factor clave en cualquier proceso electoral, y de cara a las elecciones del 2026 es muy seguro que la inflación se convierta en uno de los temas centrales del debate político. El alza del costo de vida puede traducirse en un voto de castigo hacia quienes han participado o son los gestores de la elección del actual residente de Palacio de Gobierno, y por otro lado puede influir en la narrativa de los populistas que prometen soluciones rápidas y generan expectativas poco realistas en la población como controles de precio o estatización el comercio de alimentos que a la larga son más dañinos. En conclusión, la inflación no solo es un fenómeno económico sino también un factor político de gran relevancia. En el contexto de las elecciones del próximo 12 de abril, su impacto puede llevar a un voto de castigo, o a favor de candidatos indeseables. Quien asuma esto como un problema cotidiano del pueblo y que ofrezca soluciones realistas podrá capitalizarlo en estas complejas elecciones que tenemos en frente.
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