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La Seguridad Nacional y la política

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Hace unos días un amigo me preguntó, ¿qué pasó con los SU-30 de la aviación venezolana, que no reaccionaron al ataque americano? Para poder responder a esa pregunta debemos tener en cuenta dos situaciones: la militar y la política. Como es sabido el 3 de enero de este año en la madrugada se realizó la Operación Resolución Absoluta, para capturar al dictador Nicolas Maduro. Se conoce de manera extraoficial, que durante esta operación -aun sin confirmación oficial- se realizó la destrucción del sistema de defensa aérea, así como de las aeronaves de combate del régimen venezolano, sin que estas tengan la oportunidad de despegar. Desde el punto de vista militar, sabemos que el material bélico estaba degradado por falta de medios adecuados para su mantenimiento, así como para el entrenamiento de sus tripulaciones, tanto de los pilotos, como de los operadores del sistema de defensa aérea. Tengamos en cuenta que Venezuela contaba con los S-300 el sistema más moderno y poderoso de la región. Pero no solo, se debe contar con los “juguetes”, también debemos saberlos usar y más importante aún, es saber jugar. Para eso se deben conocer las reglas del juego, lo que los militares conocemos como doctrina. El conocer la doctrina nos prepara para conocer de antemano como opera nuestro oponente y prepararnos en consecuencia, para adaptarnos y preparar una respuesta adecuada. Desde la parte política no bastó con la adquisición de los sistemas de armas (SU-30MK y S-300), también está la voluntad política de mantenerlas operativas y prestas para actuar en cualquier momento y circunstancia. Sino seria lo mismo que cuando un padre le regala a su hijo un juguete a pilas y una vez que se agote las mismas ya no le compre más, entonces por más que el niño cuide su juguete lo mantenga limpio y bien conservado mientras el padre no le de más pilas no podrá jugar. Y tarde o temprano ese juguete no habrá sido aprovechado por el niño y se perderá. Entonces Maduro, por su propia falta de visión dejo que se degradaran sus sistemas de defensa, convirtiéndose de esta manera en el artífice y víctima de sí mismo. Pero que lecciones podemos sacar de esto: Primero, cualquier cosa puede suceder, hoy estamos en paz y de la noche a la mañana podemos estar puertas a un conflicto bélico. Segundo, debe existir la voluntad política para mantener a sus fuerzas armadas preparadas y equipadas para hacer frente a cualquier situación hostil. Tercero, se debe tener una doctrina clara y entrenamiento constante para mantener a las FFAA listas ante cualquier contingencia. Cuarto, no podemos esperar a tener una situación hostil para equipar al país, porque para ese momento ya es tarde y como nación tendríamos mucho que perder. Sexto, la Defensa Nacional no es un gasto es una inversión en dar seguridad y tranquilidad, para que la nación se desarrolle en paz, cumpliendo su función disuasiva. No podemos dejar la seguridad de nuestra nación en la “buena voluntad” de otras naciones o vecinos, no existen naciones aliadas o amigas. Es nuestro deber como peruanos de bien proteger nuestro país, sin importar nuestra procedencia, la defensa no es cuestión solo de militares sino del pueblo peruano unido con el ideal de mantener nuestra soberanía e independencia.

Por Juan Manuel Ponce Villarroel  Coronel (R) FAP Investigador asociado del Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (CEGESEN)

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