¿Y ahora qué hacemos sin legitimidad?
Han pasado tres semanas desde las elecciones del 12 de abril. Veintiún días en los que el país pasó de la sorpresa a la indignación, y de ahí a una frustración que reabre una pregunta de fondo: ¿por qué, una vez más, se vulnera la voluntad del elector y se pone en duda la legitimidad del proceso? Con el paso de los días, también cambió el relato. Lo que empezó como denuncias graves se fue convirtiendo en “irregularidades”, en medio de observaciones, cuestionamientos y versiones que fueron variando. En esa transformación del discurso, lo que quedó dañado fue lo esencial: la confianza en el proceso y, una vez más, en las instituciones encargadas de garantizarlo. Ese es el problema de fondo. Una elección no se sostiene solo en actas o resultados, sino en la credibilidad que........
