¿Quién mueve los hilos en el Perú?
En el Perú, los presidentes cambian, los ministros cambian y las crisis políticas se suceden una tras otra. Pero cada vez más ciudadanos se hacen una pregunta inquietante: ¿quién gobierna realmente el país? En los teatros de marionetas, los muñecos hablan, discuten, se enfrentan y parecen tomar decisiones propias. El público observa el espectáculo convencido de que los actores están al mando del escenario. Pero todos sabemos que no es así: siempre hay alguien detrás del telón moviendo los hilos. La política, muchas veces, se parece demasiado a ese teatro. El escritor colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal, en su novela El titiritero, utilizó esa metáfora para describir sistemas políticos donde el poder visible no siempre coincide con el poder real. Los ciudadanos ven a los actores sobre el escenario, pero rara vez ven a quienes sostienen los hilos. En el Perú, esa pregunta se vuelve inevitable. Hoy el país tiene un presidente interino, José María Balcázar, surgido de una dinámica del Congreso que no respondió precisamente a un proceso institucional ejemplar. Por el contrario, fue el resultado de arreglos y negociaciones políticas incompatibles con el espíritu de la Constitución. Sin embargo, más allá del nombre que hoy ocupa el despacho presidencial, la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es otra: ¿quién ejerce realmente el poder? Porque el poder en el Perú parece haberse dispersado entre distintos actores que influyen simultáneamente en las decisiones del país. Por un lado, está la presión política que mantiene Vladimir Cerrón desde su bancada, incluso mientras permanece en la clandestinidad. Por otro lado, aparecen las estructuras políticas que sostienen proyectos como los de César Acuña y José Luna, respaldados no solo por redes partidarias o universitarias, sino también por la penetración que han logrado en el aparato administrativo del Estado. Existe, además, otro factor que ha terminado influyendo de manera decisiva en la política peruana: la presión mediática que termina trasladándose al sistema judicial. Desde hace varios años, sectores del periodismo de investigación han ejercido una fuerte presión mediática sobre fiscales y jueces, contribuyendo a que buena parte de la política peruana termine resolviéndose en los tribunales. A ello se suma el propio peso del Congreso de la República, que en los últimos años ha adquirido una capacidad de influencia que supera incluso el diseño institucional previsto por la Constitución. El resultado es un sistema político donde el poder no siempre se ejerce desde el cargo formal, sino desde distintos espacios de presión e influencia que operan detrás del escenario político. Por eso, la pregunta ya no es quién ocupa la presidencia. La pregunta es quién mueve los hilos del poder en el Perú. Y la única fuerza capaz de romper esos hilos sigue siendo el ciudadano con su voto.
Por David García Rodríguez
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