¿Cuándo empezamos a construir la casa grande?
Las elecciones están llegando a su fin. Más allá de las preferencias de cada ciudadano, de las simpatías, las decepciones o las expectativas que deja este proceso, una realidad empieza a imponerse: los peruanos hemos hablado en las urnas y el país deberá seguir adelante. La pregunta es qué viene ahora. ¿Vamos a atrincherarnos nuevamente en nuestras esquinas ideológicas? ¿Seguiremos alimentando la confrontación, los resentimientos y las divisiones que nos han acompañado durante tantos años? ¿O ha llegado el momento de empezar a construir acuerdos mínimos que permitan levantar una gran casa común? El Perú es precisamente eso: una casa grande. Una casa que pertenece a todos los peruanos, sin importar la región en la que nacieron, la lengua que hablan, la fe que profesan o la opción política por la que votaron. Y hay algo que todos deberíamos entender: esta casa es nuestra. Los políticos que elegimos no son sus propietarios. Son inquilinos temporales a quienes encargamos la responsabilidad de administrar aquello que pertenece a todos. No reciben las llaves para actuar al margen de la voluntad ciudadana ni para convertir los espacios comunes en escenarios de privilegios, fiestas o repartijas. Reciben un mandato, una responsabilidad y la obligación de rendir cuentas a quienes realmente son los dueños de la casa: los ciudadanos. Una vez concluida la contienda electoral, el desafío es saber si somos capaces de convivir bajo un mismo techo, respetando nuestras diferencias y construyendo un país que pueda ser heredado con orgullo por las nuevas generaciones. La primera lección que nos dejan estas elecciones es que seguimos siendo un país fragmentado. No porque existan peruanos buenos y malos, ni porque unos amen al Perú y otros no. La realidad es más compleja. Existe un Perú que ha logrado integrarse al desarrollo, al comercio, a la inversión, a la modernidad y a las oportunidades que genera una economía abierta. Pero también existe otro Perú que, durante décadas, se ha sentido olvidado, distante de las decisiones del poder y abandonado por un Estado que muchas veces solo aparece en época electoral. Cuando una parte importante de la población siente que nadie la escucha, surgen líderes que ofrecen soluciones simples a problemas complejos. Cambian........
