Cosa juzgada y sobrerrepresentación
Hace tiempo, un sabio y congruente político, de esos que hace mucho no hay en México, decía que los hechos se aprovechan, o no, pero no se discuten. El vergonzoso estado de la estructura judicial federal es un hecho, como también lo es la aversión de los militantes de la 4T a la cosa juzgada. El concepto surgió prácticamente con la actividad humana organizada. Sí, la humanidad encontró en este concepto una sólida base para construir y preservar el orden social, así como la estabilidad económica de la comunidad. Claro, al principio, no provino de la labor jurisdiccional, sino a partir de depositar en alguna persona, figura o institución la capacidad de zanjar diferencias de manera final y definitiva. Casi saliendo de las cavernas, el ser humano entendió que el mantener permanentemente abierta la puerta de los diferendos simple y sencillamente hacía imposible la concordia. Hasta la más primitiva y rupestre aldea contó con algo parecido a la cosa juzgada.
El dejar un resquicio para regresar, una y otra vez, a confrontar circunstancias, enfoques y posturas frente a un hecho, simple y sencillamente, hace imposible el desarrollar actividades comerciales, industriales o profesionales. La idea de reservarse la posibilidad de cambiar ad libitum, lo que ya se decidió por parte de aquel que ha sido señalado como depositario de la confianza para dirimir conflictos, es incompatible con el progreso, y con la más elemental idea de civilización.
Entre salvajes, todo aquel se impone a macanazos a los demás, siempre ha tenido la aptitud de desconocer todo lo dicho por quienes le antecedieron. Ello no necesariamente producto de la mala fe. La barbarie es un gen natural en el ser humano, aunque no guste, ahí está. De tiempo en tiempo, domina, es por eso que surgen guerras y conflictos de gran escala. Los complejos, como la envidia, el rencor y el revanchismo están profundamente sembrados en el inconsciente humano. Dar poder a quien no está preparado para tenerlo, da ocasión a sacar a flote las más bajas pasiones, las expresiones más corrientes y los discursos más incendiarios.
El saber poner fin a las controversias de manera confiable, duradera y seria distingue a las naciones y los países. Hace décadas, he dicho que la única diferencia real entre los países desarrollados y los que no lo son, son sus poderes judiciales. Las sociedades más desarrolladas crecen y florecen sobre poderes judiciales robustos, respetables y merecedores de la honra comunitaria. Nuestro vecino debe más a una Suprema Corte, que ha sabido adecuar la ley a........
