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Trump desató una nueva guerra. ¿Kast viajará a respaldarlo? Por Sergio Muñoz Riveros

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04.03.2026

El eventual viaje de Kast a Miami implica un altísimo riesgo. En estas ocasiones, a Trump solo le importan los golpes de escena. Por lo tanto, buscará mostrar a un grupo de gobernantes latinoamericanos alineados con su plan de hegemonía mundial, que no es sino una nueva versión de la antigua política del gran garrote.

El ataque militar de EE.UU. contra Irán se ha producido, al igual que en junio del año pasado, cuando estaban en curso negociaciones de representantes de ambas naciones en torno a un posible acuerdo en materia nuclear. El jueves 26 se habían reunido los negociadores, y el sábado 28 se inició el ataque.

Convencido por Benjamín Netanyahu de que había que golpear ahora al régimen iraní, debilitado internamente, Trump dio la orden de atacar en función de sus propios intereses. Se ha creado así una situación de máxima inestabilidad en Medio Oriente, que compromete a todos los países del Golfo Pérsico, y que tendrá forzosamente consecuencias globales.

Trump es cada día más impopular en EE.UU. y menos confiable para el resto del mundo. Las encuestas indican que sobre el 60% de los ciudadanos desaprueba su gestión. No ha hecho a EE.UU. más grande ni más respetable. Por el contrario, ha dañado gravemente las bases institucionales de la democracia norteamericana y ha convertido a su país en el mayor factor de inestabilidad mundial. En noviembre, habrá elecciones parlamentarias en EE.UU., y todo indica que el Partido Republicano sufrirá una dura derrota.

La guerra llega como recurso de salvación del poder de un hombre que ha dado inquietantes muestras de desquiciamiento. Dentro y fuera de EE.UU. hay pocas dudas sobre el deterioro cognitivo de Trump. No se necesita ser un experto en salud mental para apreciarlo. Basta con escuchar sus discursos inconexos, sus disparatadas divagaciones, sus ataques alevosos en contra de quienes identifica como enemigos, para darse cuenta de que cuán peligroso se ha vuelto.

“Demencia frontotemporal” es la expresión usada por los especialistas, lo que implica encogimiento o atrofia de los lóbulos frontal y temporal del cerebro, zonas asociadas con la personalidad, la conducta y el lenguaje. Al analizar la desinhibición moral, la impulsividad y la agresividad de Trump algunos especialistas sostienen que lo que corresponde es destituirlo. La enmienda 25 de la Constitución de los EE.UU. contempla tal posibilidad por incapacidad física o mental, pero ello solo puede materializarse si el vicepresidente y el gabinete invocan tal enmienda.

Trump invitó a los mandatarios de Argentina, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Bolivia y Honduras a una reunión en Miami, el 7 de marzo denominada “Shield of the Americas” (Escudo de las Américas), a la que también invitó a José Antonio Kast, que asumirá la Presidencia de Chile 4 días después. El equipo del presidente electo ha dicho que existe la posibilidad de un encuentro de Kast con Trump.

¿Qué sentido tiene esa reunión? Según la información oficial, discutir sobre la libertad, la seguridad y la prosperidad del hemisferio occidental, en particular “la interferencia extranjera en el hemisferio”. En realidad, lo último es lo que verdaderamente interesa a la Casa Blanca, y se entiende de un único modo: cómo contrarrestar la influencia de China en América Latina. Se trata de la aplicación de las directrices del documento “National Security Strategy of the United States”, difundido en noviembre del año pasado, en el que EE.UU. dio prioridad absoluta a sus intereses geopolíticos y modificó los ejes y las alianzas en que se había sostenido su política internacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Hace mucho tiempo que EE.UU. dejó de ser la nación que tuvo un poder económico, científico y militar incontrarrestable en el siglo XX. Lo que intentan Trump y el movimiento MAGA es resistir la corriente de los tiempos de un modo que considera el derecho internacional como un estorbo y la democracia como un asunto relativo.

Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional de Trump, representante del llamado supremacismo blanco, lo resume así: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en el mundo real, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”. El ataque a Irán ahorra mayores explicaciones.

Así las cosas, el eventual viaje de Kast a Miami implica un altísimo riesgo. En estas ocasiones, a Trump solo le importan los golpes de escena. Por lo tanto, buscará mostrar a un grupo de gobernantes latinoamericanos alineados con su plan de hegemonía mundial, que no es sino una nueva versión de la antigua política del gran garrote.

Sería lamentable que Kast y sus asesores hicieran una lectura apresurada de las relaciones con EE.UU., que se tradujera en una actitud complaciente hacia el gobierno de Trump. Se trata, por supuesto, de cuidar la relación bilateral, pero sin menoscabo de la dignidad de Chile.

No puede haber señales equívocas respecto de nuestra soberanía. La única forma de hacerse respetar por las grandes potencias, incluidos los regímenes autoritarios, es tener voz propia y una conducta decorosa. Nuestro país no puede adherir a ninguna forma de incondicionalidad hacia EE.UU., de la cual es un bochornoso ejemplo el gobierno de Javier Milei, a quien Trump denomina “su presidente favorito”.

El gobierno de Kast debe sostener firmemente nuestra soberanía. No se trata de gestos gratuitos, sino de templanza y realismo político. Chile necesita alentar las inversiones, pero cuidar celosamente que no afecten nuestra independencia ni empujen a nuestro país a tomar partido en la pugna de las grandes potencias. Una foto con Trump el 7 de marzo se interpretará de una sola manera: como respaldo a la guerra contra Irán.

Las relaciones internacionales no pueden concebirse como un asunto puramente comercial. Chile tiene que defender ciertos principios básicos de civilización, abogar por el derecho internacional como único recurso para impedir que se imponga irremediablemente la ley de la selva. Es indispensable que el gobierno de Kast entienda que ello debe ser la base esencial de nuestra política exterior.

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