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No hace falta apoyo transversal si el diagnóstico es compartido. Por Kenneth Bunker

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Lo que legitima la megareforma no es cuántos partidos la respaldan, sino que el problema que intenta resolver es reconocido como real incluso por quienes van a votar en contra. Si la reforma no pasa, la pregunta que quedará flotando no es por qué el gobierno no buscó más consenso. Es por qué la oposición prefirió la parálisis a una solución imperfecta a un problema que ella misma reconoce.

Entre las varias críticas al megaproyecto del gobierno, hay una que sugiere que, por ser un proyecto nacido unilateralmente, sería inválido, y que las reformas importantes, de esta magnitud, para prosperar, requieren un consenso político amplio antes de avanzar. La idea es que, sin respaldo transversal en la etapa primaria, los cambios serían frágiles, ilegítimos o simplemente condenados a no funcionar. Es una idea que, en principio, suena razonable y que tiene cierto atractivo intuitivo.

Lo que la evidencia sugiere, sin embargo, es que el factor que mejor predice si una reforma funciona no es cuántos partidos la respaldan sino si el diagnóstico que la sustenta es técnicamente sólido y ampliamente validado.

Las reformas educacional y tributaria de la era Bachelet se aprobaron con los votos de la coalición gobernante más sus aliados disponibles, sin respaldo opositor relevante. Y produjeron resultados decepcionantes. Las mediciones estandarizadas de aprendizaje han caído sostenidamente y la educación pública está hoy en una posición más vulnerable que antes de la reforma.

La reforma tributaria generó incertidumbre para la inversión que se prolongó por años sin producir el dinamismo fiscal esperado. La explicación no está en el tamaño de la coalición que las aprobó, sino en que el diagnóstico que las sustentaba era técnicamente disputado desde el principio.

Los únicos episodios de verdadera transversalidad en el período reciente confirman la misma lógica desde el otro lado. El proceso constituyente y el retiro de fondos de pensiones contaron con respaldo político amplio y cruzado, pero los dos ocurrieron bajo presión de crisis y no a partir de un diagnóstico técnico compartido sobre qué necesitaba el país. Mientras que el proceso constituyente trajo años de........

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