Roberto Merino, el guardián de la ciudad
A fuerza de oficio de escritor, se convirtió en parte viva de su Santiago. En nuestras calles, tumbas y héroes se encuentra el legado que este maestro pretende transmitir. Pocos han cuidado tanto la memoria de Santiago. Es, a fin de cuentas, el guardián de la ciudad.
Con frecuencia se dice que Chile fue un país de poetas, aunque tuvo siempre buenos novelistas y ensayistas. A los que incomodaron con su oficio en el pasado les costó el ostracismo. Orrego Luco fue calumniado por publicar Casa Grande (reeditada hace unos meses por Planeta), novela que desnudó a la oligarquía de la Belle Époque chilensis. Lo mismo ocurrió con Joaquín Edwards Bello, quien decidió autoexiliarse en los suburbios que los ricachones abandonaron al escapar de la plebe.
Orrego Luco y Edwards Bello causaron escándalo al revelar las hipocresías de la sociedad de su tiempo. Y ahora alguien vuelve a inquietarnos, pero de otra manera: Roberto Merino, sin proponérselo del todo, busca despertarnos del letargo con que miramos nuestro entorno. Vivimos y no tenemos idea de dónde estamos parados.
Tampoco sabemos quiénes fueron las personas cuyos nombres llevan las calles, a quiénes pertenecieron los inmuebles icónicos o en qué años se construyeron ciertos barrios. Merino nos interpela, porque pone en evidencia cuánto queda por hacer en la........
