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El Papa y la paz

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13 de abril 2026 - 03:07

Sorprende que alguien se asombre porque el Papa pida el fin de la guerra, se preocupe por las víctimas y haga un llamamiento a la paz. Cuando León XIV proclama que Dios no bendice ningún conflicto sólo repite lo que sus antecesores dijeron en circunstancias similares. Pero para quienes anteponen su ideología política, no ya a la fe o a la pertenencia a la Iglesia Católica sino a la propia racionalidad, quien no les apoya les traiciona. A ellos, claro. Porque llama mucho la atención que lo que se califica en los EEUU como derecha religiosa, que no es en absoluto de inspiración católica, haya intoxicado de tal modo al católico español que aún no ha digerido el Concilio y que añora la España sin libertades –porque la libertad religiosa le parece una blasfemia–, hasta el punto de acosar dialécticamente a Su Santidad de un modo casi tan violento como el que sufrió Francisco, a la vez que se le trata ridículamente de woke, globalista y hasta de islamista, obviando que la Iglesia Católica está por encima de esas divisiones mundanas.

Pero más ridículo aún es leer cómo contraponen sus discursos a los de Juan Pablo II, de cuya figura quieren apropiarse de modo bastante zafio y tosco, quien durante la crisis iraquí de 2003 nos recordó que pertenecía a esa generación que pudo sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial y por eso mismo quería lanzar a los afortunados jóvenes que sólo habían conocido la paz un poderoso mensaje con un grito desesperado: “¡Nunca más guerra!”. Las mismas palabras que Pablo VI dirigió a las Naciones Unidas.

Las redes y los medios se han llenado de teólogos y exégetas de la Biblia que extraen párrafos seleccionados ad hoc del Antiguo Testamento, citan a santos y Papas para reforzar su arenga o recurren a las Cruzadas. Ponen sobre la mesa la doctrina de la guerra justa que nunca fue única y que siempre ha requerido como causa fundamental la propia defensa y mucho más la necesidad que la elección. Y aún así, ya Juan XXIII rechaza de modo incondicional la carrera de armamentos y la guerra en sí misma en la Pacem in Terris.

Incluso he llegado a leer a supuestos católicos que “este Papa no les representa”, como si quien ocupa la Silla de Pedro fuera un concejal. Mal católico ha de ser quien no sabe algo que se aprende de niño y es que el Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra y por tanto, si representa a alguien es a Él, y no al soberbio de turno infectado de política de baja estofa.

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