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Luces, sangre, melancolía

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09 de junio 2026 - 03:07

Por un amigo del colegio cuyo padre era aparcero de fincas, pasé unos días en Gómez Cardeña. Fue propiedad de Juan Belmonte, casado con una aristócrata peruana apellidada Cossío; Julia enviudó terriblemente. Era habitual que los matadores fueran de extracción humilde. Y que, si triunfaban, se desposaran con mujeres de abolengo. Una vía de acreditación por mérito con la que los bravos sin privilegios de cuna mezclaban sus genes y sus famas con los de la alta sociedad.

En el inacabable cortijo de penumbras había un despacho, privativo del torero a quien Chaves Nogales dedicó una novela esencial. Su viuda había clausurado el........

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