La financiación del PSOE
09 de abril 2026 - 03:08
Intentan los sanchistas recuperar como sea la adhesión incondicional de sus votantes y el prestigio perdido, pero no hay artimaña que valga. Ni siquiera sacar ahora el debate social de la regularización masiva de inmigrantes y el aborto. Así dan pie a Vox para ampliar su caladero presentándose como el único partido con principios morales.
Ya no cuela esa estrategia. La mayoría de los españoles tienen cabeza suficiente para diferenciar el respeto a los principios morales de cada uno de una oportunista maniobra electoral. No deja de sorprender que el sanchismo se haya convertido en la principal baza de Vox para sumar simpatizantes, pero así es la política. Continúan las comparecencias de personalidades del PP y del PSOE ante los tribunales y, mal que les pese a los sanchistas, por mucho que sus terminales mediáticas den protagonismo a la Kitchen, es el caso Ábalos-Koldo el que se lleva los titulares. No por falta de importancia de una burda y vergonzosa maniobra de miembros del PP de Rajoy para intentar neutralizar la información que pudiera utilizar su ex tesorero Luis Bárcenas y salvarse de la cárcel, sino porque esa operación propia del más torpe torrentismo apenas provoca interés porque ocurrió hace años y se desmenuzó y criticó hasta la saciedad. Mientras que lo que se analiza en el Supremo es reciente, afecta al círculo más político y familiar de Pedro Sánchez y es de una sordidez morbosa. Para los interesados solo en las repercusiones políticas, hay una clave que puede provocar un tsunami: la financiación del PSOE. La UCO ha aportado infinidad de datos, pero ahora comparecen en el Supremo quienes conocen perfectamente si esa financiación era y es legal o ilegal. Si se demuestra la ilegalidad, Sánchez difícilmente podría escapar a la acción de la Justicia y continuar en La Moncloa.
Acabarían así las especulaciones sobre las supuestas maniobras de Sánchez para ganar las elecciones haciendo trampa, o retrasarlas haciendo trampa para buscar un momento más propicio, o hacer trampa en el voto por correo o en la identificación en las urnas. De todo eso se habla hoy en las reuniones escoradas hacia la extrema derecha; y empieza a debatirse también entre personas nada ultras que desconfían ya de un presidente de Gobierno que no tiene ningún pudor en el uso de métodos impropios de las democracias y que en muchos casos rozan o caen en la ilegalidad.
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