Ni rey, ni presidente, ni secretario general
MADRID 4 Sep. (OTR/PRESS) -
Debo confesar que mi admiración por Pedro I, El Mentiroso, no sufre quiebras, sino que aumenta día tras día. No conozco a nadie -y he tratado a muchas personas con responsabilidad en ambientes muy diversos- que posean ese aplomo, esa seguridad, ese convencimiento en decir mentiras como si fueran autos de fe. Nadie. Su firmeza, en el rosario de mentiras expuesto en el Congreso, fue irreprochable. Ese discurso lo contemplan unos cuantos millones de españoles, recién llegados del extranjero, a continuación se les convoca a votar, y Pedro I, El Mentiroso, arrasa........
