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Un país en quiebra

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22.03.2026

Lo que resulta más desconcertante y a la vez demoledor es la indiferencia. O dicho con más claridad, el pasotismo. En otros tiempos, no muy lejanos, la confluencia de huelgas y manifestaciones de sectores estratégicos, hartos de la situación insostenible que padecen, habría provocado un cierto revuelo político, tal vez alguna explicación atribulada, en el mejor de los casos, una dimisión. Cuando menos, la administración de turno habría mostrado una inquietud considerable y habría dedicado un poco de esfuerzo a contener la embestida social, no fuera que su incompetencia fuera demasiado evidente.

Pero la novedad del momento actual es que, pase lo que pase, todo les resbala, como si tener el país al límite no fuera nada más que una contingencia cualquiera. Ni en las épocas convergentes, ni en las tripartitas, ni las azarosas del procés, Catalunya había sufrido una presidencia y unos consellers tan indiferentes al clamor social como los actuales. En este sentido, Salvador Illa es un alumno aventajado de Pedro Sánchez que ha hecho del “mearse encima y decir que llueve” todo un estilo de gobernanza. Puede estar en medio de escándalos, sin mayoría parlamentaria, ni presupuestos, con el partido destrozado y sin poder ganar leyes fundamentales, pero pone cara de cemento y después........

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