El cuento de la criada se repite: cuando la distopía deja de ser ficción
Miraba El cuento de la criada como quien observa una botella antigua en una vitrina: con fascinación, inquietud y, sobre todo, con la sensación de que pertenece a un mundo lejano. Sabía que la novela es de 1985, que se hizo una película con menos repercusión que la serie estrenada en 2017 y que esta hace poco que está en Netflix. Pero un buen amigo me prohibió verla cuando estaba "procreándome" dentro de una familia política muy conservadora. Ahora entiendo que, igual que pasa con los libros, las series también tienen su momento vital para ser degustadas.
La República de Gilead parecía, en un principio, una exageración literaria, una advertencia llevada al extremo. El problema es que, más que ciencia ficción, es ficción especulativa. La misma Margaret Atwood ha explicado que no inventó prácticamente nada: todas las prácticas que aparecen en el libro habían existido en algún momento de la historia o continúan existiendo hoy en diferentes países. Y eso da mucho más miedo que cualquier película de terror. Las buenas novelas no predicen el futuro; simplemente entienden demasiado bien el pasado. Y es aquí donde aparece la incomodidad. Cuando varios gobiernos cuestionan derechos reproductivos que parecían consolidados; cuando la igualdad entre hombres y mujeres deja de ser un consenso para convertirse en una batalla cultural; cuando vuelven discursos que relegan a la mujer a un único papel social —madre, esposa, cuidadora—, es inevitable recordar las advertencias de El cuento........
