¡Nos hemos casado!
Cuando leáis este artículo, yo todavía arrastraré una resaca. No de vino, sino de emociones. Ayer celebramos nuestra boda por sorpresa. Pitu Roca ofició la ceremonia en casa de mi suegra. Todos los invitados pensaban que venían a celebrar nuestro cumpleaños —que también—, pero acabaron brindando por nuestro "sí".
—Mis vestidos de novia tienen garantía para que el amor dure toda la vida —me dijo Josep Maria Peiró.
Hace quince años ya me había probado uno de este diseñador al que adoro. Lo descarté porque me casaba en el Duomo di San Gimignano y acabé llevando un vestido que se parecía más al de una primera comunión —como la tradwife italiana que no logré ser— que al de Carrie Bradshaw que llevaba ayer.
Para quienes piensen que soy incapaz de guardar un secreto, aquí tienen la prueba de que se equivocan. Llevaba meses callando tanto el tema del pregón de la Mercè con mi padre como el de mi boda secreta. Daniel y yo nos hemos casado a escondidas. No se lo contamos a nadie hasta ayer. La gente creía que venía a celebrar nuestro cumpleaños, ya que, casualmente, compartimos fecha de nacimiento: él cumplía sesenta y yo cuarenta y cinco. Nadie sospechaba nada. Y eso era precisamente lo que queríamos. Que nadie se estresara —ni nos estresara— con el vestido, los regalos o todos esos detalles que a menudo acaban haciendo sombra a lo más importante. Hemos aprendido de los errores. Somos repetidores en esto de las bodas. Hay........
