Llarena consuma su rendición
Cuarenta minutos. Este es el tiempo que transcurrió entre la decisión del Tribunal Constitucional de avalar la amnistía del delito de malversación por la organización del Referèndum d'Autodeterminació de Catalunya y que el juez del Tribunal Supremo dejara sin efecto las órdenes de busca, captura e ingreso en prisión del president en el exilio, Carles Puigdemont, así como de los consellers que le han acompañado en el extranjero estos últimos nueve años, Toni Comín y Lluís Puig. Es cierto que este martes no es aún el gran día porque aún falta que se resuelvan algunos trámites procedimentales, como que se publique el acuerdo del TC y, posteriormente, que la Sala Segunda del Supremo le aplique la amnistía. Pero ahora sí que, sin margen de error posible, se puede asegurar que el camino del retorno del president en el exilio es, si así lo quiere, cuestión de pocas semanas. Otra cosa es que se haya abierto un debate sobre cuál es el mejor momento para el retorno y que, después de nueve años de exilio, las cosas se quieran hacer de la mejor manera posible.
Dos lecturas obligadas tras el pronunciamiento del Constitucional y la posterior retirada por parte de Llarena de las órdenes de detención: es poco discutible que la derrota de la justicia española es inapelable y que el estirón de orejas del TC al Supremo respecto a la interpretación reiterada que ha sostenido de la malversación es importante. Aunque el........
