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La pulserita

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23.07.2026

El puño en alto, los dos dedos levantados en señal de victoria, la pantalla con la final del Mundial de fondo y, en la muñeca, la bandera española. Atada como una correa, estampada como un tatuaje, colgada como un nomeolvides. Esta foto, que podría haber publicado cualquier seguidor de Vox o de la Falange, corresponde a la muñeca del conseller de Presidència de la Generalitat, Albert Dalmau. Sin duda, él considera que la connotación fascista o autoritaria de la pulserita ya no existe porque, al fin y al cabo, hablamos de una bandera constitucional y democrática, moderna. Ganadora, incluso. Es un modo de verlo, respetable y comprensible. Nadie está tampoco obligado a darse cuenta de cuándo se comporta como un hortera, porque normalmente uno mismo no lo ve. Incluso —o sobre todo— en los ataques de euforia.

El problema de la bandera de España es que, aunque haga cincuenta años que murió Franco, el autoritarismo de pandereta se ha quedado adherido a ella. Puede haberse modernizado, actualizado, maquillado y vestido de seda, pero es que no se ve en el espejo. No se da cuenta; cree que lleva un vestido sofisticado, cuando en realidad todo el mundo le ve las costuras. Todavía hoy basta con poner una bandera española en un balcón para que toda la casa se transforme automáticamente en una comisaría o en un estanco. Pese a sus........

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