Inmigración: la sandía y la cereza
Es indudable que la gestión de la inmigración es uno de los temas indispensables de la agenda política, económica y social del país. Después de dos publicaciones de mucho peso como son la nota que publicó hace unas semanas el Cercle d’Economia y más recientemente el Informe Fènix elaborado por un selecto grupo de economistas, esta semana ha habido un importante debate que, por aquello de que el centralismo empieza ya en el Tibidabo, ha tenido un eco desproporcionado respecto a su profundidad.
Sant Cugat Empresarial convocó a tres expertos en la materia como son Judith Sans, de EY, Miquel Nadal, director general del Cercle d'Economia, y Sergi Pardos, uno de los asesores del Reino Unido en inmigración. La principal conclusión es que la inmigración debe afrontarse desde el carril central de la sociedad, y por tanto de la política: "No es bueno dejar esta cuestión en manos de los extremos", dijo Nadal. Es decir, entre una reacción furibunda contra todo extranjero (todo no, pero ya nos entendemos) que roza el racismo y un hacer ver que aquí no pasa nada y que todo se solucionará por sí solo, hay un inmenso margen para el consenso de país.
El sistema actual facilita una entrada masiva pero luego condena a los inmigrantes a la irregularidad
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