Catalunya o barbarie
El país ha entrado en una fase aguda de neurosis colectiva porque está a punto de descubrir que si Franco viviera hoy sería de izquierdas. Ya sé que entre catalanes se ha dicho siempre que hay poca diferencia entre un español de izquierdas y uno de derechas, pero no es lo mismo decir las cosas que vivirlas. Castilla es un pueblo que no ha tenido nunca nada que fuera realmente suyo. Los castellanos ganaron el Euromillón de las Américas y desde entonces intentan resolverlo todo con la fuerza cruda del dinero y del hambre. Los castellanos son los últimos en entrar en las modas y los últimos en abandonarlas, más o menos al contrario de los catalanes, que son una nación tan refinada, con un sentido tan tiquismiquis de la personalidad, que hace siglos que no encuentran la manera de asegurar sus necesidades más básicas.
Pedro Sánchez ha vuelto a despertar al Frankenstein español y las gallinas del corral están, lógicamente, asustadas. Desde los tiempos crepusculares del militarismo europeo, hace un siglo, que los castellanos y los catalanes no andaban tan perdidos con sus locuras respectivas. Evidentemente, yo voy con Catalunya y espero que los catalanes encontremos, por una vez, una forma eficaz de defendernos y de salir del pozo, sea cerrando filas con los castellanos o sin ellos. Pero el Frankenstein lo hemos despertado entre todos y no distinguirá mucho a la hora de proyectar su rabia. De momento, Sánchez se ha cargado, con las regularizaciones, la España de las autonomías que había venido a defender cuando Junqueras le regaló los votos para que hiciera caer a Mariano Rajoy.
Con la legalización por decreto de más de un millón de inmigrantes........
