La democracia como 'branding'
"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión" Paul Auster
Con Begoña varada en Moncloa —a la espera de la decisión de la Audiencia de Madrid— y David Sánchez esperando también en palacio su propio destino —en manos de la Audiencia de Badajoz— comiendo la sopa boba, hagamos un alto en el viacrucis judicial de este gobierno para reparar en el destino que da no ya a nuestros impuestos, sino a los más altos conceptos a los que guardamos devoción.
Había pasado desapercibido, al menos para mí, que la gran idea del Plan de Acción por la Democracia no ha consistido en aplicarse el cuento o, al menos, en recordar cuáles son las premisas básicas de un régimen basado no solo en la voluntad popular, sino en la existencia de contrapoderes y contrapesos que controlen al poder emanado de las urnas; no, la idea estrella de un plan que ha costado doce millones de euros ha sido la creación de una marca de ropa streetwear llamada Dmocracia. Una colección cápsula de sudaderas, camisetas y pantalones tipo chándal que pretenden entroncar "la democracia como cultura popular" y establecer "una reflexión sobre cómo transmitir memoria democrática en una época de nuevos valores culturales". Si cada ropa comunica, "¿por qué no utilizarla para recordar valores democráticos?". No se veía nada igual desde que en el gobierno de Zapatero —todo rima, al final— se les ocurriera paliar el problema de la vivienda lanzando las Keli Finder, las........
