Los bomberos son catalanes
Espero que el lector pueda dispensarme la frivolidad, pero cuando contemplo las imágenes devastadoras de los últimos incendios que nos han dejado un buen pedazo de país con la tierra cancerígena, no puedo evitar extasiarme con la eficientísima belleza de nuestros bomberos. Mientras la aparición televisiva de cualquier aprendiz de líder público (en especial de aquellos que reniegan de su responsabilidad repitiendo como loros que nos haría falta "un cambio de mentalidad", sin especificar qué putas significa tal cosa) me genera un sentido inmediato de repulsión, cuando en la caja tonta se planta uno de nuestros firemen, rodeado de micrófonos y dando la cara ante el pueblo, no dudaría ni un minuto en casarme con él. Fijaos cómo se expresan nuestros bomberos, con una tranquilidad prácticamente franciscana, unas subordinadas catalanas que harían enrojecer de gozo a nuestro Sagarra y un aplomo existencial solo accesible al César.
Los bomberos funcionan porque son catalanes, y cuando escribo y digo que "son catalanes" cualquier persona sensata puede comprender a qué me refiero. Hay, en primer término, y me atrevo a insistir, una forma de emplear nuestra lengua que supera con creces la de cualquier diputado del Parlament, la cual —si........
