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Sensaciones y emociones

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18.06.2026

En el artículo anterior, ya hice notar que la visita del papa León XIV era fruto de una invitación a la Santa Sede por parte del rey de España, del gobierno de España y de la Conferencia Episcopal Española (CEE), y que esto condicionaba determinadas decisiones en cuanto a itinerarios, discursos, lengua y objetivos.

Y la programación del viaje lo ha puesto de manifiesto de un modo claro y rotundo. La única fecha fija era el 10 de junio, ya que era el día en el que se cumplía el centenario de la muerte del venerable Antoni Gaudí, "el arquitecto de Dios", según afirmación del propio pontífice. A partir de aquí, se podían programar etapas por delante y por detrás, teniendo presente que el viaje a las islas Canarias era un compromiso voluntario que no había podido honrar el papa Francisco. Por lo tanto, el papa actual, con buen criterio, se hizo propio este compromiso y las Canarias pasaron a formar parte del itinerario.

Teniendo en cuenta quién lo invitaba —que es quien lo podía hacer, tratándose de un jefe de Estado—, Madrid se impuso como una etapa a la vez oficial y triunfante. Oficial, porque tuvo audiencias privadas con la familia real, el presidente del Gobierno, la presidenta de la Comunidad… y las que no sabemos, y compareció en la tribuna del Congreso de los Diputados, convirtiéndose en el primer papa en hacerlo.

En el Congreso, pronunció un discurso alineado con los postulados de la doctrina católica en varios aspectos. Tanto sobre la condena a cualquier guerra y la defensa del multiculturalismo a escala mundial, como en la defensa de la vida desde........

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