Desde cuándo importan tanto los burkas
De derecha a izquierda no queda nadie en la blanquitud occidental que no afirme contundentemente que el burka es “una salvajada”. Ha tenido que venir Vox a iluminarnos en esta cuestión con una provocadora y racista proposición. Gracias a la extrema derecha, las y los españoles han descubierto, de pronto, que la imposición del burka a una mujer es intolerable. La solución parece de simple sentido común, especialmente si se razona el problema desde la mentalidad colonial habitual. La solución no es otra que otra imposición: prohibir el burka. Y así, bajo una lógica improvisada llena de simplificación, ahora la pugna política puede llegar a ser qué partido, dentro del abanico parlamentario, se marca el tanto de aprobar una norma contra el burka y el niqab. Lo que los partidos, de izquierda y de derecha, nacionalistas o no, viven como batalla política, no es otra cosa que una batalla cultural en la que Vox les ha colado un gol. La única diferencia entre unos y otros es el grado de racismo que sostiene sus propuestas: unos invocan los derechos de las mujeres desde una convicción impostada y otros los usan como coartada para naturalizar su agenda de odio y antiinmigración.
¿Y el feminismo qué dice? Algo tendremos que decir. El feminismo blanco, incómodo ante la pluralidad de mujeres y la diversidad sexual, se arrima a esas respuestas punitivistas. Los otros feminismos, los que habitan los márgenes, hacen reflexiones que van más allá de polarizar el debate entre prohibir o no prohibir. Ponen el foco en lo evidente, en cómo Vox ha logrado imponer un marco racista a su falso feminismo (feminacionalismo) que deja al descubierto el frágil conocimiento en materia de derechos humanos de la clase política y de quienes, desde tribunas, micrófonos, columnas..., se presentan como defensores de la prohibición mientras razonan desde el privilegio, el desconocimiento y un racismo interiorizado que ni siquiera identifican como tal. Como al final, como dicen Afrofemninas, “el cuerpo de la mujer con niqab no molesta por lo que hace; molesta por lo que representa en el imaginario de quienes construyeron Europa como proyecto racial y cristiano”.
