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Sam Altman: el Oppenheimer de Donald Trump

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28.02.2026

Sam Altman sublima la figura de Robert Oppenheimer aunque no por ello renuncia a la del Mesías. Cuando buscó un referente para su emprendimiento no dudó en señalar el Proyecto Manhattan; tampoco ahorra referencias celestiales cuando describe Open AI como un paisaje místico y no se dirige a consumidores sino a creyentes. Hábil con las narrativas, cuando el capitalismo convierte en clientes a los ciudadanos, Altman abre una puerta del paraíso artificial a los devotos. 

Como el personaje de una película de Spielberg, la historia de Sam Altman es la de un niño que creció en una familia judía de clase media en los suburbios de San Luis, en Misuri, siendo el mayor de cuatro hermanos, hijos de una dermatóloga y un agente inmobiliario. Si pensamos en ese entorno, es fácil imaginar cómo acerca su dedo índice para rozar el de ET pero enseguida dejó claro que su destino era otro, cuando a los ocho años podía programar y desarmar su iMac Bondi, aquellos ordenadores de forma ovoidal y colores espaciales. Este fue el primer signo de una personalidad que surgía fuera de la caja. Pronto enseñaría más. 

Así como sorprendía en casa, en el instituto, siendo adolescente y ante un grupo cristiano que boicoteó una asamblea sobre sexualidad, Altman se plantó para dar un discurso en el que anunció que era gay: ¿convertimos la escuela en un lugar represivo o lo abrimos a todas las ideas?, desafió a sus compañeros. El perfil luminoso de Altman, el perseguidor de utopías, comenzaba a ocupar un lugar en el mundo. Aunque llevaba consigo a otro –puede que aún no lo supiera–: el creador de distopías. 

Cuando Donald Trump inicia su particular cruzada en contra de la universidad escenificada tanto en Harvard como en Yale y en Stanford, cuenta con el apoyo de Peter Thiel, quien promociona abiertamente el abandono de las carreras universitarias en favor de los emprendimientos empresariales. Ese es el camino elegido por Sam Altman, ahijado empresarial de Thiel y paradigma de esta concepción disruptiva del conocimiento. 

Solo dos años después de comenzar la carrera de........

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