Musk vs. Altman, la Inteligencia Artificial pierde el juicio
No han faltado artículos y reseñas sobre la serie Succession que señalaran su vínculo con la tragedia shakespeariana, principalmente El rey Lear, en la que está en juego la herencia de las tierras del reino entre sus hijas y sus maridos. La misma relación se puede establecer con los usos y costumbres del poder en Silicon Valley, aunque el adjetivo no surge esta vez desde un medio sino desde el mismo corazón del sistema: la competencia entre las empresas del sector de la IA es shakespeariana, dijo, un alto ejecutivo de OpenAI y lo dejó claro: “Las reglas normales del juego ya no se aplican”.
El juicio que acaba de comenzar en Estados Unidos en el cual Elon Musk demanda a Sam Altman, director general de OpenAI, está demostrando que ese adjetivo se ajusta a la realidad. El propietario de SpaceX acusa a Altman de enriquecerse convirtiendo una organización sin fines de lucro en una empresa que persigue solo los beneficios.
Tanto uno como el otro exponen en el tribunal un juego psicótico con el único matiz de que a Musk, como ha demostrado en su paso por la Casa Blanca, poco le importa ocultarlo; por el contrario, lo deja al desnudo, como muchos personajes del bardo inglés.
La historia de este desencuentro se remonta a los orígenes de OpenAI y se supone que tanto Musk como Altman eran jóvenes progresistas, perfil mucho más arraigado en este último, quien, hasta ayer mismo, no se cansó de afirmar que el avance de la IA “podría resolver el cambio climático, curar el cáncer, desarrollar una superinteligencia benevolente más allá de la comprensión humana” y crear lo que él denomina “riqueza extrema universal”.
OpenAI nace en 2015 con las mejores intenciones, impulsada por Altman, quien estimula a Musk con la creación de una organización sin ánimo de lucro para generar una IA benévola y contrarrestar así el impulso que en ese momento exhibía DeepMind, el modelo de Google. Es curioso que Altman tuviera por entonces la plena intención de crear una empresa propia de energía nuclear, tan es así, que denominaba Proyecto Manhattan a la planificación de OpenAI, en su afán de emular la carrera de Oppenheimer. Once años después, IA mediante, Palantir publica su manifiesto de La República Tecnológica en el que Alex Karp asegura que la IA sustituirá a la energía nuclear como arma hegemónica. ¿No es esta la más alta expresión del aceleracionismo?
En este sentido, la velocidad, clave en el desarrollo tecnológico, depende de una constante financiación sin........
