Rufián, Montero y la tentación NYMBY
¿Sería mejor que el mundo se transforme o que se quede como está? Si hubiéramos hecho esta pregunta en una asamblea de la UGT, del PSOE, de CCOO o de Izquierda Unida hace 40 años la respuesta hubiera sido unánime.
Cuando yo era chiquitita, la izquierda era sinónimo de cambio. Mis padres y todos sus amigos siempre estaban construyendo algo: un barrio, un sindicato, una asociación, una cooperativa. Hasta los trabajadores hablaban de la estrategia y del devenir de las empresas como si fueran suyas.
