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¿Hay algo peor que un policía delincuente?

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20.02.2026

El policía delincuente es un tópico del cine y la novela negra, por su condición a la vez fascinante y aterradora, su psicología retorcida y su vida al límite. En ficción recordamos policías mafiosos, policías narcotraficantes, policías ladrones, policías corruptos, policías torturadores, policías que espían a rivales políticos del gobierno, policías que fabrican delitos para desacreditar a esos mismos rivales, policías que abusan de su poder y, por supuesto, policías violadores. Entre todos ellos, mi policía delincuente favorito es aquel Bad Lieutenant (aquí traducido como Teniente corrupto, aunque era más que corrupto) tanto en la versión de Abel Ferrara con Harvey Keitel como en la de Herzog con Nicholas Cage. “Mi policía delincuente favorito” quiere decir el peor, el que no querría cruzarme en mi camino.

Fuera de las pantallas o las novelas, los policías delincuentes no fascinan nada, solo aterran. Y hemos conocido muchos también. En la España democrática del último medio siglo recordamos policías mafiosos, policías narcotraficantes, policías ladrones, policías corruptos, policías torturadores, policías que espían a rivales políticos del gobierno, policías que fabrican delitos para desacreditar a esos mismos rivales, policías que abusan de su poder y, por supuesto, policías violadores. Y donde dice “policía” puedes poner guardia civil, y en algunos delitos también ertzainas, mossos o policías locales, que cada cuerpo tiene sus ovejas negras.


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