El juez innombrable
En un juzgado de Madrid habita un togado innombrable y con afición a la caza mayor. De edad avanzada y sin grandes perspectivas de futuro, ve gigantes donde hay molinos y castillos donde hay solo ventas. Pero no tiene nada de ingenioso hidalgo. Su forma de vivir una vida emocionante y convertirse en héroe del antisanchismo es dictar autos tras los que subyacen más motivaciones personales o ideológicas que fundamentos de derecho.
Lean, lean: “Las conductas que provienen de palacios presidenciales, como este supuesto, parecen más propias de regímenes absolutistas, por suerte, ya olvidados en el tiempo en nuestro Estado, lo que obliga a tratar de analizar (quizás hubiera que remontarse al reinado de Fernando VII) este tipo desde la perspectiva de una interpretación teleológica y hermenéutica de los citados artículos 428 y 429 del Código Penal”. Así es como este caballero de triste figura endosa el delito de tráfico de influencias a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, por usar su domicilio habitual -es decir, La Moncloa- para reuniones profesionales y académicas.
