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La derecha toma a Dios por enemigo

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Hace ya cinco años, poco antes de la célebre foto de Colón, Ayuso hizo estallar la polémica entre las filas de la derecha al insinuar, a propósito de los indultos que preparaba el Gobierno, que si el rey Felipe VI los firmaba podía tratarse de un cómplice. Cómplice con la peligrosa voluntad separatista-etarra del Gobierno de por aquel entonces, supongo. La cuestión es que eso preparó una separación entre la Corona y una parte de la derecha que parecía hasta ese momento imposible o inverosímil. No tanto por la parte del Partido Popular, que sigue siendo por mucho lo de siempre y, en tanto que lo de siempre, más monárquico que cualquier variación. Tampoco por la parte de Vox que del Partido Popular es una excrecencia o secreción, capaz de vestir corbata Viva El Rey De España (¡verde!) cuando toca; sí por otra más joven, con otros referentes. De ahí se pasó, desde Vox, a criticar “que [si] quien ciñe la Corona confunde neutralidad con sometimiento, o estabilidad con complacencia hacia el poder político, [esto] puede contribuir involuntariamente a dilapidar un legado que no le pertenece en propiedad, sino que custodia en nombre de la nación”.

De aquellos polvos estos lodos. Esta semana se ha consumado un divorcio parcial entre la Iglesia católica y la derecha; o cabría, más bien, hablar de nulidad matrimonial, pues en principio el matrimonio había de ser indisoluble. Llaman mucho la atención, tras el pacto entre el Partido Popular y Vox en Extremadura, las palabras de Figaredo y Carlos H. Quero, en entrevista con El País: “no se seguirá subvencionando a las ONG que acogen a inmigrantes irregulares, tampoco a las de la Iglesia”. El Partido Popular dice que no dejará a Cáritas sin ayudas, Vox anuncia que no habrá ninguna ayuda si asisten de alguna forma a los excluidos sociales, que resulta, en este caso, que son inmigrantes.


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