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La guerra de las chumberas

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01.05.2026

Juan Pérez Cuesta, un agricultor de Jumilla recibió hace unas semanas una orden de la Comunidad Autónoma de Murcia: le obligan a arrancar antes del 2 de mayo su plantación de chumberas, cuidadas durante años. 

Nos cuenta conmocionado lo que para él es una pesadilla: “No sé qué ha podido pasar… la orden dice que las chumberas son una planta invasora pero aquí las chumberas se cultivan desde siempre. Mis abuelos ya tenían su huerto. Los higos los comía la familia, las pencas se las echaban al ganado y el sobrante se vendía… Pero de unos años para acá la cosa no está clara: lo mismo unos dicen que hay ayudas de la Unión Europea, que la administración deniega el cambio de cultivo o, como a mí, nos obligan a arrancar el huerto. Luego vas al Mercadona y ves higos chumbos envasados que vienen de Andalucía y del Perú. Con todo esto, al final, la gente se siente insegura y tiene miedo de invertir y luego perderlo todo, y prefieren dejar la tierra de secano muerta… sin nada”.

Su caso de no es una excepción: en Andalucía, Extremadura y Levante se repiten decisiones similares con denegaciones de cambio de cultivo y órdenes de eliminación. Mientras la FAO con el respaldo científico internacional señala la chumbera como planta clave frente a la sequía y la desertificación, en España su cultivo se bloquea en la práctica por una errónea aplicación de la normativa sobre especies invasoras.

¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que mientras el mundo se prepara para la escasez de agua, aquí se arranca una de las pocas plantas capaces de resistirla y generar recursos y valor?

Para entender esta contradicción hay que retroceder cinco siglos. La chumbera, originaria de México, fue de las primeras plantas que vinieron a España desde América en el siglo XVI. Desde entonces se ha expandido y arraigado en el territorio hasta formar parte del paisaje, del patrimonio cultural y de la memoria rural de amplias zonas de España.

Durante siglos ha convivido en dos formas: como arbusto silvestre, creciendo en bordes de caminos, laderas y bancales abandonados, y como cultivo vinculado a la economía local tradicional. Apenas requería cuidados. Crecía sin riego, se utilizaba como linde natural, refugio de animales y forraje para el ganado. Sus frutos, los higos chumbos, se destinaban al autoconsumo y al comercio local.

Así fue durante quinientos años en España y en buena parte del Mediterráneo hasta finales de los 90 del siglo pasado cuando la FAO (organismo de las Naciones Unidas encargado de la agricultura y la alimentación) ante el avance de la sequía, la desertificación y la degradación de los suelos, comenzó a preguntarse qué cultivos podrían sostener la alimentación y la economía en el futuro. En esa........

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