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23F: el atronador silencio del rey

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20.02.2026

El 23 de febrero de 1981 ha quedado marcado en el calendario de la historia como el día de la perplejidad, en el que los españoles no entendimos absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Un teniente coronel golpista, con mostacho de bandolero de Sierra Morena, entra a tiros en el Congreso de los Diputados dando vivas al rey, cuando se está procediendo a la votación de investidura de un nuevo presidente del Gobierno. ¿Era este el golpe anunciado? Se les comunica a los allí secuestrados que mantengan la calma hasta que se presente la autoridad militar que les explique lo que está sucediendo. Se crea el suspense en toda la nación. La gente corre a recluirse en sus casas, encienden la radio y la televisión para intentar seguir el curso incierto de los acontecimientos. Un capitán general, Jaime Milans del Bosch, emite un bando de guerra y toma Valencia, en nombre del rey. El miedo va en aumento. El golpe parece estar triunfando. Hasta aquí la primera parte de lo que comienza siendo un drama.

El segundo acto lo domina el silencio. El del rey Juan Carlos. Sorpresa y estupefacción: el monarca no se manifiesta, no dice nada a la nación. Tampoco llama a Jaime Milans del Bosch para que retire sus tropas de las calles de Valencia (no lo hará hasta la una de la madrugada, según consta en el sumario de la causa 2/81, cuando todo parece resuelto). Transcurren las horas y la anunciada autoridad militar no se presenta en el Congreso. Tejero se pone nervioso y toma como rehenes, entre otros, al presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, y a los dirigentes más significados de los partidos de izquierda: Felipe González y Santiago Carrillo. Existe seria preocupación por sus vidas. 


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