Una película de terror
Busco una casa encantada, de esas que se caen a cachos, con un jardín lleno de hierbajos, ortigas, maleza e incluso plantas carnívoras, una casa de esas que los críos pasan corriendo por delante muertos de miedo, donde dicen que vive un hombre desfigurado que lleva guantes con navajas a lo Freddy Krueger. Una casa con cadáveres enterrados en el sótano cuyos fantasmas salen por la noche buscando venganza, con retratos de personas que te siguen con la mirada o poblada de espíritus malignos que se meten en los electrodomésticos para fastidiarte la cena, el último capítulo de la serie o la colada.
Busco una casa de película de terror, de esas que se heredan de un pariente lejano a quien nunca habías conocido o que compras creyendo que es una ganga, sin saber que pertenecía a Jeffrey Dahmer. Busco desesperadamente una casa encantada que esté en el centro de la ciudad, cualquier barrio me vale, estoy dispuesta a reformarla, enfrentarme a sus fantasmas y dar de comer a las plantas carnívoras. Después de tres años buscando un piso para comprar en Madrid, me he dado cuenta de que este es el único tipo de vivienda que puedo pagar.
