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Evaluando la guerra en Medio Oriente a un mes de iniciada

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28.03.2026

Evaluar la actual guerra en Medio Oriente cuando se trata de un evento en pleno desarrollo, no es tarea simple. Se trata de un conflicto que lo mismo podría terminar antes de lo previsto que prolongarse más de lo anticipado, dependiendo de múltiples variables que siguen en juego, y cuyas repercusiones, por tanto, podrían variar radicalmente considerando su duración. Un posible ejercicio para abordar esa tarea consiste en analizar varios de los niveles, componentes y capas que jugaron un rol en la activación del conflicto, que siguen incidiendo en su desarrollo y que podrían incidir en el fin o la prolongación de las hostilidades. Los siguientes apuntes buscan contribuir con apenas algunas de esas piezas.

1. Un primer nivel de análisis está, por supuesto, en Trump. Esto incluye su propia personalidad, sus compromisos con su base, la idea que tiene de su país y del papel que éste debe desempeñar en la esfera global y, sin duda, su propio historial con Irán.

1a. Partamos de la base de que Trump siempre consideró que el acuerdo nuclear que Estados Unidos (bajo Obama), junto con otras potencias, firmó con Irán en 2015, era “el peor acuerdo jamás firmado”. Sin embargo, la decisión de retirar a Washington de ese pacto en 2018 e imponer tácticas de presión máxima sobre Irán no derivó en una flexibilización por parte de Teherán, sino en el endurecimiento de su postura. El régimen iraní optó por escalar gradualmente su respuesta por dos vías: (1) incumplir de manera progresiva sus compromisos dentro del acuerdo, lo que implicó mayores niveles y volúmenes de enriquecimiento de uranio, y (2) activar una serie de medidas disruptivas contra Estados Unidos y sus aliados en la región. Esto, a su vez, detonó respuestas por parte de Washington que culminaron en el punto más álgido del enfrentamiento durante su gestión previa, cuando Trump ordenó el asesinato del segundo hombre más poderoso de Irán, el general Soleimani.

1b. Para Trump, por tanto, el tema de Irán es un pendiente arrastrado desde su gestión previa. Nada de lo que hizo entonces logró doblegar a los ayatolas. Y, desde su perspectiva, la administración de Biden únicamente suavizó la postura estadounidense sin conseguir tampoco concesiones por parte de Teherán.

1c. Este historial se combina con factores de la presente gestión. Primero, un Trump altamente empoderado que, tras la captura de Maduro, se percibe sin contrapesos internos o externos para lanzar amenazas y aplicar medidas de presión contra múltiples actores a nivel global. En el caso de Irán, esto se traduce en la advertencia de atacar a Teherán si el régimen asesinaba manifestantes durante las protestas masivas de enero, algo que terminó documentándose. Segundo, en ese contexto, el tema iraní se convierte para Trump en una medida de su credibilidad y del valor de su palabra empeñada.

1d. Pero, al mismo tiempo, habiendo promovido a lo largo de su carrera política una agenda de “America First”, fuertemente crítica de las guerras lejanas, prolongadas y costosas, Trump estaba comprometido con no enredar a su país en un conflicto que le impidiera una salida relativamente rápida.

1e. El resultado de........

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